sábado, marzo 28, 2026

IMPRESIONES DE UN VIAJERO (IX)

 AVEIRO.


Si Guimaraes nos sorprendió gratamente por sus hermosos y blasonados edificios, y por sus bien cuidadas calles, Aveiro no se quedó atrás.

Distante de Oporto a unos 75 kms, la ciudad reúne muchos encantos, aunque la inmensa mayoría de turistas que la visitan, nos quedamos prendados de sus canales surcados por coloridas embarcaciones, llamadas moliceiros, que antiguamente se usaban para recoger las algas marinas de la cercana desembocadura de la ría de Aveiro, por lo que se la conoce como “La Venecia de Portugal”.

Lo primero que sorprende de Aveiro es lo impecable de las aceras, donde se describen formas geométricas y dibujos diferentes a medida que se adentra uno por sus calles, la mayoría peatonales. Incluso el escudo de la ciudad frente a la entrada principal del Ayuntamiento.




Muchos de sus edificios mantienen la típica fachada con

azulejos, más o menos intensos o descoloridos por el paso del

tiempo, pero que les proporciona carácter.


Pasear por sus rincones es dejarse sorprender.


A pesar de ser un día laborable normal, sorprendía el ritmo tranquilo 

que se respiraba en la parte central de la ciudad, la más turística. Las 

tiendas, las cafeterías, todo estaba abierto, pero no se veía una gran 

afluencia de personas.

Desde nuestra posición, sentados junto a un ventanal en el interior de una cafetería degustando un delicioso café y un dulce típico de Aveiro, el ovo mole, - que es una crema suave y cremosa envuelta en una fina oblea con formas marinas – veíamos diferentes grupos de turistas siguiendo a su guía que, en la mayoría de los casos, portaba una banderita española. Allí no vi a tantos japoneses. Allí lo que había era una invasión de españoles.

En la lista de monumentos a visitar, teníamos como de costumbre varios, pero decidimos que el agradable paseo que habíamos dado, disfrutando de un caluroso día de noviembre era más que suficiente.



© Carlos Usín