Hace algunos años había una ventrílocua llamada Maricarmen, que hacía reír al público con sus monólogos incisivos, a través de un león gay, un pato muy chulo y resabiado, una anciana de pueblo, un poco sorda y que siempre vestía de negro y una niña que era menos inocente de lo que aparentaban sus coletas.
En el panorama artístico español la aparición de Maricarmen fue toda una conmoción. Jamás en España había habido una mujer dedicada a la ventriloquía. Tan solo los más veteranos, recordamos a Herta Frankel, en aquellos años de la primigenia TVE de los años 60.
El tiempo ha
pasado y tanto “Leoncio” como “Nicol” o “Doña Rogelia”, descansan para siempre
en un baúl.
Pero ahora
tenemos otra Maricarmen que también se ha hecho famosa. Ha saltado a la
palestra de forma repentina. Desde el más absoluto anonimato a ser portada de
todos los medios de comunicación. ¿Y qué méritos ha contraído esta señora para
conseguir semejante popularidad? Pues ha sido fácil. Se ha puesto en manos de
manipuladores expertos de opinión y su papel básico ha sido el de presentarse
como víctima. El perfil ofrecido ha sido el de una mujer de avanzada edad, con
una pensión escasa, de salud delicada y que víctima de un “fondo buitre”, se ve
en la calle, expulsada del que fue su hogar durante décadas y con un futuro
incierto. Esta fue la primera imagen que nos llegó a los mortales en los
primeros días cuando saltó a los medios.
Luego, algunos
periodistas de verdad, se han dedicado a hacer su trabajo y hemos ido
descubriendo factores, matices, medias verdades, bulos y falsedades enormes,
todo ello con el fin de representar una obra de teatro. Y a partir de ahí, la
imagen pública de la señora ha ido mutando al tiempo que la opinión de la gente
iba conociendo los entresijos.
El resto de esos
matices ya los hemos ido conociendo a lo largo de estas semanas y cada uno
tiene una imagen más o menos ajustada a los datos que conoce. Pero yo quisiera
centrarme en analizar una serie de preceptos, de mantras o de eslóganes que se
hacen circular para justificar la concentración en la Puerta del Sol y su
justificación. Y algunas son muy curiosas y llamativas.
Como da igual
comenzar por uno o por otro, el primero es el que se refiere al tan denostado
concepto de “especular”. Irene Montero, la marquesita de Galapagar, ha
gritado a los micrófonos que la compra de vivienda con interés especulativo,
debía ser prohibido por decreto.
Lo primero que
se me plantea es determinar sin ambages el concepto especular. Tal y
como señalaba en mi anterior post Carlos
Usín - Blog personal: La vivienda en España. según el DRAE, la verdad es
que algunas de las acepciones del término “especular”, casi levantan más
enconamientos que el original, siendo “traficar” el que más me llama la
atención. Sin embargo, creo que la acepción que más se ajusta al asunto que
estamos tratando es el siguiente: “Procurar provecho o ganancia fuera del
tráfico mercantil.”
Es decir, en el
caso de una vivienda que un propietario dispone y la coloca en el mercado del
alquiler, si intenta obtener unos réditos por ello, puede se le califique de
especulador, aunque el único beneficio que saque sea entorno a 200-300 euros al
mes.
A pesar de tan
modestos beneficios el inquilino – o un sindicato de pacotilla - es probable
que considere que el monto está fuera de lugar y lo considere abusivo; como tal
vez sean abusivos los impuestos a los que debe hacer frente el casero frente a
la Administración: luz, agua, gas, comunidad propietarios, IBI, derramas,
arreglos, reposición de material dentro de la vivienda deteriorado por el uso…o
por el vandalismo, etc. Y que como en todo negocio debe repercutir en el precio
final del producto.
Así llegamos al
punto en el que una persona tiene una vivienda, la ofrece en alquiler, pero
Irene Montero considera que lo que hace el propietario es especular. Especular
con un bien de primera necesidad.
Y yo me
pregunto: ¿Y qué hacemos con el pan? Un bien básico en la alimentación, del que
el panadero obtiene unos beneficios. ¿Consideramos esos beneficios
especulación? ¿Y tener que pagar por beber agua del grifo?
Bien. Sigamos
con el razonamiento de la cajera. Si el propietario de una vivienda no debería
obtener ningún rédito de esa propiedad, sólo le quedan dos alternativas: o la
alquila gratis o la vende. Descartemos la primera opción por obvia y vayamos
hacia la segunda alternativa. El nuevo casero compra la vivienda y resulta que
es una compañía multinacional que dispone de miles de viviendas. El llamado
fondo buitre. O mejor aún, un destacado miembro de la izquierda progresista de
España que desea aumentar una propiedad más a las docenas que ya tiene y que,
por supuesto, obtiene un rédito por todas ellas, aunque a los congregados en la
Puerta del Sol parece no importarles. Entonces, el fondo buitre – o el progre
de izquierdas - fija un precio inasumible y la inmensa mayoría de las personas
no pueden acceder a esa vivienda.
Resumiendo: por
la presión ejercida contra el propietario original de la vivienda y tras
acusarlo de ser un especulador, la vivienda tiene otro dueño, pero a un precio
tan alto que ha salido del mercado. Esa vivienda YA NO ESTÁ DISPONIBLE para la
mayoría.
El propietario –
ya sea el original o el nuevo – dispone de otra solución. Convertir el piso en
uno de tipo vacacional. Pero, llegados a este punto debemos recordar que
partimos del principio de Irene Montero de que “se debe prohibir por decreto la
compra de viviendas con fines especulativos”. Es decir: las casas donde las
personas habitan deben tener coste cero al inquilino, porque cualquier cantidad
satisfecha en concepto de alquiler, puede ser catalogada como especulación. Por
lo tanto, en esta situación, en la que el tenedor de la propiedad no va a ganar
nada, debería ser EL ESTADO el dueño de la vivienda. Es decir, el comunismo, de
nuevo, tratando de mostrarnos el camino al abismo con la colectivización de
todo tipo de propiedades. El problema es que, comunista o no, este gobierno no
ha construido ni una puta casa en 8 años en ninguna parte de España. O sea, el
gobierno es parte del problema. Y tampoco ha dado solución a las 80.000
viviendas que han sido okupadas ilegalmente en España en los últimos 5 años.
Así es que, por
resumir un poco, el lícito margen comercial cuando se habla de vivienda se
convierte por mor de las nuevas corrientes políticas, en especulación, y por
tanto no se reconoce el interés del casero en invertir en España su dinero, en
un sector que necesita proporcionar más y más producto ante una demanda
incontrolada y unos poderes públicos incompetentes e ineficaces, que se mueve
más por tics ideológicos que reales.
¿Y qué sucede
cuando a un inversor se le enseña la puerta de salida y se le deja bien claro
que no es bien venido? Pues que coge su dinero y se va. Y entonces, no
solamente ya no existe esa casa en la que vivía esa señora. Es probable que
haya muchas más que el inversor, en vista de la inseguridad jurídica de España,
decida coger su dinero y marcharse a otros países de Europa donde le garanticen
que no le van a acosar.
Es este tipo de
filosofías de cajeras de supermercado, lo que expulsa a los inversores.
En otras
palabras, la propiedad privada, tal y como la hemos entendido hasta ahora,
salta por los aires. Uno puede ser el dueño de lo que quiera, pero no de una
vivienda en la que no viva el propio dueño. A esa persona no se le permite
hacer con su dinero lo que buenamente le plazca, como, por ejemplo, alquilar la
vivienda. En casos como este, los que así opinan establecen una nueva norma
según la cual “no se puede especular” con el derecho de los posibles
inquilinos. O sea, los que todavía no han alquilado la vivienda ya han
adquirido unos derechos especiales que, por definición, son de un rango
superior a los derechos que tiene el dueño sobre su propiedad privada. Yo creo
que eso se asemeja bastante a una expropiación; es decir, una entidad de orden supuestamente
superior, se adueña de tu piso y establece unas reglas no escritas en la
jurisprudencia española, según las cuales el propietario no puede obtener
beneficios económicos mientras el inquilino sí puede vivir porque lo dice la
Constitución, que tiene derecho a una vivienda.
Mientras tanto,
la pobre anciana víctima de los especuladores y puntualmente asistida por sus
abogados, - que nadie sabe quién paga - ha conseguido quedarse a vivir donde
legalmente no debería, representando así, la excepción con respecto a los
25.000 desahucios anuales que se ejecutan en España o 275.000 que se han
acumulado desde que gobierna el PSOE en 2018.
Si al inicio
comenzaba haciendo referencia a una ventrílocua - Maricarmen y sus muñecos-,
creo que ahora para despedirme es mejor mencionar aquella famosa canción:
“Había una vez un circo…”
© Carlos Usín