domingo, mayo 24, 2026

El RCD Mallorca ha descendido.

Soy consciente de que tengo un buen número de seguidores que viven en los EE. UU o en Singapur, por ejemplo. Así es que, por si acaso hay algún despistado, esto va de fútbol.

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Mi relación con Mallorca comenzó allá por el año 1979. Hay de por medio, lazos emocionales imposibles de olvidar. Así que, desde ese primer momento, me he sentido unido a la isla, con mayor o menor intensidad; y por supuesto, me afecta eso de que el Mallorca, a quien le tengo gran simpatía, haya descendido a Segunda División.

Y eso me trae a la memoria algunos recuerdos, como, aquella final de la Copa del Rey que disputaron al todopoderoso Barcelona, aquel 5º puesto en la Liga o ganar la Supercopa de España al Barça. Muchos de estos grandes éxitos, si no todos, con la inestimable aportación de un personaje clave en la historia del club, como fue Héctor Cúper.

Pero fue mucho tiempo atrás, tal vez en 1984 – aunque la memoria puede jugarme alguna mala pasada – cuando la fiebre por el Mallorca, arrastraba a algunos isleños, reacios ya de por sí a abandonarla, a venir hasta Madrid y disfrutar de un programa doble. Por un lado, el Mallorca, que por entonces militaba en la Segunda división, se enfrentaba a un gran Castilla CF, y por otro coincidió con un clásico entre el R. Madrid y el Barça. Era una tentación difícil de resistir y por eso, algunos familiares y amigos se desplazaron a la capital para disfrutar del espectáculo.

Lo de disfrutar del fútbol, puede pasar, pero aquel 30 de diciembre, en Madrid hacía un frio que pelaba y mis cuñados y amigos no habían venido preparados con la ropa adecuada. Ni con la ropa ni con las entradas. Para eso, para lo de las entradas, me enviaron a mí a comprar las mejores que hubiera, al precio que fuera. Esas fueron sus indicaciones. Me parece recordar que conseguí unas entradas bastante buenas por unas 20.000 pesetas de la época, cuando una entrada para un Clásico Real Madrid - Barça en la reventa ilegal podía costar entre 5.000 y 15.000 pesetas. Pero lo mejor, vino después, cuando me dijeron que habían conseguido unas mejores aún. Yo ya no pregunté qué habían hecho con las otras, que por supuesto, me abonaron, claro.

Del Mallorca llegó al Madrid un joven central llamado Bonet. Un chaval alto y que jugaba con clase, algo que en aquella época era novedoso. La lástima fue que se encontró con quien no debía. Se llamaba Migueli y de sobrenombre “Tarzan”. El susodicho Tarzan, jugador del FC. Barcelona, en la final de la Copa del Rey del año 1983, realizó una entrada asesina que tuvo consecuencias nefastas para el pobre Paco Bonet: rotura del ligamento lateral interno, rotura del menisco externo y desgarro de la cápsula posterior de su pierna izquierda.

Tiempo después, abandonó el R. Madrid y regresó a Mallorca, donde siguió intentando recuperarse para el fútbol. Yo lo vi jugar en el antiguo Luis Sitjar, precisamente contra el Real Madrid y ver la pierna izquierda del pobre chico, dama grima, porque de rodilla para abajo estaba girada en un extraño y espeluznante escorzo.

Ya decía al principio que el descenso del Mallorca me traía recuerdos de otros tiempos; nombres de jugadores míticos, como Samuel Eto'o, Ariel Ibagaza, Miguel Ángel Nadal, Diego Tristán, Dani Güiza, Vicente Engonga o Leo Franco, son algunos de esos jugadores que hicieron grande a un modesto, hasta convertirse, en más de una ocasión, en temible adversario.

A la frustración de los aficionados y del club, se une el impacto económico que tendrá el descenso. Con menos ingresos, deberán vender a jugadores clave para hacer caja. Luego, conformar una plantilla con aspiraciones de ascenso, lo que implica calidad y economía de guerra. Una tarea nada fácil.

Mis mejores deseos a este nuevo Mallorca. Espero poder celebrar su regreso a Primera lo antes posible.

© Carlos Usín