martes, agosto 04, 2026

Inmigración ilegal y negocio.

Sin duda alguna, lo que suceda en la frontera del lado español, es responsabilidad del gobierno español. Y defenderla con los recursos y los medios necesarios figura como su primera obligación. Y esto aplica tanto a la frontera terrestre como a la marítima y en este caso me refiero a las narcolanchas que se burlan de las autoridades españolas y en algunos casos, asesinan a nuestros Guardias Civiles.



Ahora bien, si tanto le preocupa a la UE la seguridad de la frontera sur de Europa, la inmigración ilegal y la creación de campos de concentración fuera de la UE para los ilegales, tal vez podrían empezar a plantearse la alternativa de acusar a Mohamed VI de crímenes de lesa humanidad, por enviar a civiles a una muerte casi segura atravesando el mar o una frontera de un país vecino. Tal vez, entonces, Macron podría perturbar un poco la paz y las permanentes y onerosas estancias del rey de Marruecos en París, mientras intenta participar en un Mundial de Fútbol, construyendo lo que no tiene, y enviando a todos los jóvenes a España a jugarse la vida, bajo el supuesto de que esos jóvenes huyen de la guerra y de la pobreza. En Marruecos no hay ninguna de las dos y si lo hay, que vayan a Casablanca y protesten allí. Otros países árabes lo hicieron y no les salió mal del todo.

También podríamos empezar a ser menos generosos con aquellas ONG’s que han fijado en la inmigración ilegal el objetivo de su negocio. Porque la inmigración ilegal es un negocio, como en su día lo fue la esclavitud, con la diferencia de que entonces había que ir a secuestrar a las víctimas y ahora los esclavos vienen solos. Un negocio del que viven tanto las ong’s como los despachos de abogados. Menos Open Arms y más voluntarios para cuidar los montes.

En estos días recuerdo vívidamente la determinación de Polonia, cuando levantó un muro auténtico y llevó al ejército a la frontera con su íntimo enemigo Bielorrusia, el esclavo de Putin. No pasó ni uno.

Italia tenía un problema como el nuestro hasta que llegó la señora presidenta, puso sus melones sobre la mesa y dijo hasta aquí. Ya nadie atraca en Lampedusa. La llegada de migrantes por la ruta del Mediterráneo central ha experimentado un drástico descenso, acumulando un total de 16.479 llegadas a las costas italianas en los primeros siete meses de este año, lo que representa una reducción de más del 54% en comparación con las 36.545 personas registradas durante el mismo periodo del año anterior.

La llegada irregular de inmigrantes a Canarias registra un descenso significativo durante 2026, consolidando la tendencia a la baja iniciada el año anterior tras los récords históricos de la ruta atlántica.

Hasta el 1 de agosto de 2026, un total de 4.750 supervivientes arribaron a las costas del archipiélago a bordo de embarcaciones precarias. Esta cifra representa una drástica reducción frente a las 17.958 personas que lo hicieron en el mismo período del año pasado

Desde la UE, si es que de verdad quieren luchar contra la inmigración ilegal, en lugar de promover ayudas a los inmigrantes ilegales, se debería de penalizar económicamente a los gobiernos que los alienten a venir. Por eso, el cordón sanitario que acaban de colocar a España dejándola fuera del espacio Schengen, me parece necesario y coherente. Si un país se empeña en llevar la contraria al resto de sus socios en cuanto a la inversión en Defensa, en cuanto a medidas contra la inmigración ilegal, etc. ese socio deberá afrontar las consecuencias de su adolescente rebeldía.

Y por lo que se refiere a España, creo que para defender la frontera bastaría con establecer un buen campo de minas, o una valla electrificada. Algo así como lo de Korea del Norte y del Sur. Nos ahorraríamos tener que disparar como hacían los comunistas en el Muro de Berlín.

© Carlos Usín