Raro es el día que en algún telediario no se hace referencia al inusitado precio de la vivienda, a los desorbitados precios de compra o de alquiler, a la imposibilidad de los jóvenes de acceder a uno o a otro, y que como única alternativa les queda exclusivamente la de compartir la casa junto con otros en su misma situación, como si eso fuera el último escalón de la escala social justo antes de que te califiquen de paria. Las noticias, en muchos casos, van acompañadas de imágenes de manifestaciones vecinales, con sus pancartas, sus banderas y sus consignas, en diversas ciudades recorriendo España, lo que me induce a pensar que, de espontáneas, no tienen nada.
Y como siempre
que hay un problema hay que encontrar un culpable. En este caso las
autoridades, el gobierno y sus voceros se han ido encargando de señalar unos
cuantos objetivos con la única finalidad de quitarse el muerto de encima,
despistar y enfrentar a unos vecinos con otros. Los culpables de esta situación
son, a saber: los fondos buitre, la insaciable codicia de los propietarios de
los pisos en alquiler, los pisos vacacionales, y todos ellos, solos o en su
conjunto, son los responsables de que no se pueda cumplir la Constitución en la
que se habla de “tener el derecho a una vivienda digna”. Digna, sin duda, pero
no gratuita. También tenemos derecho a votar y, sin embargo, no es obligatorio.
Puedes abstenerte. Pues con el derecho a una vivienda digna sucede algo
parecido. Quiere decir que en el caso de que tengas los medios necesarios
y desees comprar o alquilar una casa, puedes hacerlo. Pero la condición previa
necesaria es que tengas el dinero y que, en caso de disponer de él, nadie
podría negarte tu DERECHO a una vivienda. Ese derecho no quiere decir que el
Estado te lo vaya a regalar.
Pero no quiero
centrarme ahora en este asunto y sus derivadas. Prefiero enfocarlo desde una
comparativa con tiempos pasados, porque da la sensación – errónea – de que este
problema es nuevo; que se debe a todos esos “culpables” señalados antes. Y
probablemente, eso sólo es parte de la verdad. Porque lo cierto es que lo del
problema de la vivienda en España no es nuevo, ya había problemas en los años
80 del siglo pasado y se acentuaron a partir de 1986. Y para ilustrarlo hablaré
de mi propia experiencia.
Cuando comencé
en el mundo laboral, allá por 1978, yo ya tenía esos mismos derechos de tener
una vivienda digna que hoy reclaman muchos y, sin embargo, era plenamente
consciente de que, con mi salario de entonces, (27.000 pesetas
netas al mes, o sea 162€) me era absolutamente imposible afrontar por mi
solo ningún alquiler. En 1980, el alquiler medio en Madrid solía oscilar entre 8.000
y 15.000 pesetas mensuales (unos 48 a 90 euros actuales). Es decir, el 50%
de mi sueldo. De comprar ni me lo planteé.
Como datos de
referencia para hacerse una idea del nivel de vida, en aquellos tiempos, comer
a diario alrededor de la oficina, costaba en torno a 1€ al día.
La cosa cambió
cuando poco después pude compartir un alquiler con mi novia. Eran 66€ al mes, en
un piso situado al lado de la Gran Vía de Madrid. El problema es que el barrio
se fue degradando y tuvimos que migrar. Aun así, encontramos algo en la misma
calle de Alcalá – donde San Pedro perdió el bolígrafo, pero con Metro en la
puerta - al precio de 96€ al mes, o lo que es lo mismo 16.000 pesetas/mes.
Es decir, con
dos trabajos y, por tanto, dos sueldos, nos daba para lo que nos daba, pero no
nos quejábamos. Fue el padre de ella cuando le regaló un apartamento pequeño en
una buena zona de Madrid lo que hizo que la situación diera un giro inesperado.
Un golpe de suerte.
Después de siete
años viviendo allí, tuvimos la necesidad de volver a migrar y en esta ocasión
nos mudamos a una localidad a 20 kms de la capital. Es decir, la misma
situación de la que muchos, hoy en día, se quejan: de que tienen que marcharse
fuera de la ciudad. El precio de la vivienda comenzó a subir y subir sobre todo
a partir de 1986 y se hacía imposible continuar viviendo dentro de Madrid. ¿Y
qué pasó ese año? Pues que España firmó su adhesión a lo que entonces era el
Mercado Común y más tarde Unión Europea. (ver Fig 1).
Eso tuvo
consecuencias económicas importantes, como, por ejemplo, que los bancos
españoles tuvieron que empezar a pensar en fusionarse y hacerse más grandes
para evitar que otros monstruos llegaran y se los comieran. Y también, abrió la
puerta a que toda Europa quisiera venir a España a disfrutar del sol, la playa
y los precios irrisorios del nivel de vida en general.
En mi caso
particular, la vivienda que en su día costó X, se vendió por mor de estas
circunstancias por 3X.
Como se ve pasan
los años, pero las circunstancias no parece que hayan cambiado mucho. Los
mismos problemas, las mismas soluciones, aunque tal vez, ahora las distancias a
la hora de migrar sean mayores, los precios y los salarios continúan
desacompasados y los atascos de tráfico son mayores.
Comentaba al
principio que uno de los argumentos “victimista” que se manejan estos días es
sentirse apesadumbrado por tener que compartir techo con extraños. Pues como
nunca he querido privarme de nada, un servidor también ha pasado por esa
circunstancia vital y a una edad ya madura, he compartido vivienda con otros 7
individuos, todos hombres. Los había fans del Barça, del At. Madrid y del R.
Madrid. Y nunca hubo muertos.
Aunque no sean
las circunstancias deseadas, aunque comprendo que la frustración aparezca,
aunque el deseo de formar una familia y tener una estabilidad sea perfectamente
lícito, no deberíamos olvidar que debemos adaptarnos a nuestro entorno y a sus
normas. Es lo que algunos denominaron hace tiempo como “salir de tu estado de
confort”.
Yo he tenido
compañeros de trabajo en los años 90 que iban y venían a Madrid desde Asturias,
o desde Sevilla, todos los lunes y regresaban los viernes. Incluso tuve una
compañera que vivía en San Rafael, en Segovia, que iba a trabajar a diario a
Madrid. Y, sin embargo, alguna empresa se sorprendió hace unos pocos años cuando
yo estaba dispuesto a ir a San Cugat del Vallés, viviendo en Málaga, y me
decían que había gente que vivía en Barcelona que no aceptaba ese empleo.
La vivienda
tiene un precio desorbitado, sí, es cierto. Por muchas razones: porque cada vez
hay más gente de todo el planeta que quiere venir a España a vivir y por alguna
extraña razón resulta que no les apetece vivir en Palencia para disfrutar del
patrimonio Románico que tiene y donde las casas seguro que son muy baratas. Y
quien dice Palencia, dice Zamora, Lugo o Badajoz, por poner algunos ejemplos.
No se construye
con la suficiente rapidez para satisfacer la demanda, pero es que hay tanta
demanda que es imposible satisfacerla. En los últimos 2 o 3 años han venido a
quedarse con nosotros unos 3 millones de personas. Eso es un crecimiento imprevisto
y no hay país que sea capaz de dar cobertura a tanta población en tan poco
tiempo. Porque las casas llevan aparejados otros servicios: luz, gas, agua,
espacios verdes, colegios, centros de salud, comunicaciones, etc.
Los salarios no
suben a la misma velocidad que los precios, ni los impuestos. Hoy, en cualquier
sitio, el menú del día cuesta entre 12-14 € o lo que es lo mismo, 2.000 pesetas
cuando yo pagaba 150.
El problema
real, tal y como ha comentado Marc
Vidal, no es tanto el precio de la vivienda. No son los voraces e
insaciables propietarios los responsables del aumento para hacer casi
inasequible el alquiler. Son las normas que protegen a los okupas y penalizan a
los propietarios; son los constantes aumentos de los impuestos; es el lento
peregrinar por distintas administraciones antes de poder colocar el primer
ladrillo; es la necesidad de crear electricidad a un precio asequible, que no
proporciona la energía verde. Etc. etc. etc. Pero, sobre todo, el gran problema
para acceder a una vivienda, son los salarios.
Fig 1.
Sin embargo, entre
2018 y 2026, el mercado inmobiliario español ha registrado una fuerte
divergencia con respecto a los salarios. Mientras que el salario medio apenas
ha aumentado (un 0,2% en términos reales ajustados a la inflación), el precio
de la vivienda se ha disparado aproximadamente un 29,2%
Para finalizar
me gustaría enviar un mensaje telegráfico:
- Los problemas de la vivienda no son nuevos.
- Los culpables no son aquellos que son señalados por quienes deberían de resolver los problemas y no crearlos.
- La frustración obnubila la mente de aquellos que se ven impotentes para acceder a alquilar o comprar una vivienda. Y así, son más manejables.
- Existe una obsesión por comprar una vivienda, propio de la cultura española y esta especie de neurosis está siendo hábilmente manejada por expertos en crispaciones.
- El problema real en España es la calidad del empleo. No basta con que se obligue a que el contrato sea indefinido. Debe ser verdaderamente estable y con un salario que permita cubrir las necesidades básicas. Y hoy en día, hay muchas personas que, teniendo un empleo, no pueden satisfacer esas necesidades.
- No se ha construido suficiente para satisfacer la demanda y, además, habría que acortar y simplificar los trámites para la construcción.
- No podemos dar cabida a todos los inmigrantes ilegales. No hay recursos para todos. Hay que hacerlo de una manera ordenada, controlada.
© Carlos Usín
