domingo, junio 28, 2026

Vivir en los 80.

Raro es el día que en algún telediario no se hace referencia al inusitado precio de la vivienda, a los desorbitados precios de compra o de alquiler, a la imposibilidad de los jóvenes de acceder a uno o a otro, y que como única alternativa les queda exclusivamente la de compartir la casa junto con otros en su misma situación, como si eso fuera el último escalón de la escala social justo antes de que te califiquen de paria. Las noticias, en muchos casos, van acompañadas de imágenes de manifestaciones vecinales, con sus pancartas, sus banderas y sus consignas, en diversas ciudades recorriendo España, lo que me induce a pensar que, de espontáneas, no tienen nada.



Y como siempre que hay un problema hay que encontrar un culpable. En este caso las autoridades, el gobierno y sus voceros se han ido encargando de señalar unos cuantos objetivos con la única finalidad de quitarse el muerto de encima, despistar y enfrentar a unos vecinos con otros. Los culpables de esta situación son, a saber: los fondos buitre, la insaciable codicia de los propietarios de los pisos en alquiler, los pisos vacacionales, y todos ellos, solos o en su conjunto, son los responsables de que no se pueda cumplir la Constitución en la que se habla de “tener el derecho a una vivienda digna”. Digna, sin duda, pero no gratuita. También tenemos derecho a votar y, sin embargo, no es obligatorio. Puedes abstenerte. Pues con el derecho a una vivienda digna sucede algo parecido. Quiere decir que en el caso de que tengas los medios necesarios y desees comprar o alquilar una casa, puedes hacerlo. Pero la condición previa necesaria es que tengas el dinero y que, en caso de disponer de él, nadie podría negarte tu DERECHO a una vivienda. Ese derecho no quiere decir que el Estado te lo vaya a regalar.

Pero no quiero centrarme ahora en este asunto y sus derivadas. Prefiero enfocarlo desde una comparativa con tiempos pasados, porque da la sensación – errónea – de que este problema es nuevo; que se debe a todos esos “culpables” señalados antes. Y probablemente, eso sólo es parte de la verdad. Porque lo cierto es que lo del problema de la vivienda en España no es nuevo, ya había problemas en los años 80 del siglo pasado y se acentuaron a partir de 1986. Y para ilustrarlo hablaré de mi propia experiencia.

Cuando comencé en el mundo laboral, allá por 1978, yo ya tenía esos mismos derechos de tener una vivienda digna que hoy reclaman muchos y, sin embargo, era plenamente consciente de que, con mi salario de entonces, (27.000 pesetas netas al mes, o sea 162€) me era absolutamente imposible afrontar por mi solo ningún alquiler. En 1980, el alquiler medio en Madrid solía oscilar entre 8.000 y 15.000 pesetas mensuales (unos 48 a 90 euros actuales). Es decir, el 50% de mi sueldo. De comprar ni me lo planteé.

Como datos de referencia para hacerse una idea del nivel de vida, en aquellos tiempos, comer a diario alrededor de la oficina, costaba en torno a 1€ al día.

La cosa cambió cuando poco después pude compartir un alquiler con mi novia. Eran 66€ al mes, en un piso situado al lado de la Gran Vía de Madrid. El problema es que el barrio se fue degradando y tuvimos que migrar. Aun así, encontramos algo en la misma calle de Alcalá – donde San Pedro perdió el bolígrafo, pero con Metro en la puerta - al precio de 96€ al mes, o lo que es lo mismo 16.000 pesetas/mes.

Es decir, con dos trabajos y, por tanto, dos sueldos, nos daba para lo que nos daba, pero no nos quejábamos. Fue el padre de ella cuando le regaló un apartamento pequeño en una buena zona de Madrid lo que hizo que la situación diera un giro inesperado. Un golpe de suerte.

Después de siete años viviendo allí, tuvimos la necesidad de volver a migrar y en esta ocasión nos mudamos a una localidad a 20 kms de la capital. Es decir, la misma situación de la que muchos, hoy en día, se quejan: de que tienen que marcharse fuera de la ciudad. El precio de la vivienda comenzó a subir y subir sobre todo a partir de 1986 y se hacía imposible continuar viviendo dentro de Madrid. ¿Y qué pasó ese año? Pues que España firmó su adhesión a lo que entonces era el Mercado Común y más tarde Unión Europea. (ver Fig 1).

Eso tuvo consecuencias económicas importantes, como, por ejemplo, que los bancos españoles tuvieron que empezar a pensar en fusionarse y hacerse más grandes para evitar que otros monstruos llegaran y se los comieran. Y también, abrió la puerta a que toda Europa quisiera venir a España a disfrutar del sol, la playa y los precios irrisorios del nivel de vida en general.

En mi caso particular, la vivienda que en su día costó X, se vendió por mor de estas circunstancias por 3X.

Como se ve pasan los años, pero las circunstancias no parece que hayan cambiado mucho. Los mismos problemas, las mismas soluciones, aunque tal vez, ahora las distancias a la hora de migrar sean mayores, los precios y los salarios continúan desacompasados y los atascos de tráfico son mayores.

Comentaba al principio que uno de los argumentos “victimista” que se manejan estos días es sentirse apesadumbrado por tener que compartir techo con extraños. Pues como nunca he querido privarme de nada, un servidor también ha pasado por esa circunstancia vital y a una edad ya madura, he compartido vivienda con otros 7 individuos, todos hombres. Los había fans del Barça, del At. Madrid y del R. Madrid. Y nunca hubo muertos.

Aunque no sean las circunstancias deseadas, aunque comprendo que la frustración aparezca, aunque el deseo de formar una familia y tener una estabilidad sea perfectamente lícito, no deberíamos olvidar que debemos adaptarnos a nuestro entorno y a sus normas. Es lo que algunos denominaron hace tiempo como “salir de tu estado de confort”.

Yo he tenido compañeros de trabajo en los años 90 que iban y venían a Madrid desde Asturias, o desde Sevilla, todos los lunes y regresaban los viernes. Incluso tuve una compañera que vivía en San Rafael, en Segovia, que iba a trabajar a diario a Madrid. Y, sin embargo, alguna empresa se sorprendió hace unos pocos años cuando yo estaba dispuesto a ir a San Cugat del Vallés, viviendo en Málaga, y me decían que había gente que vivía en Barcelona que no aceptaba ese empleo.

La vivienda tiene un precio desorbitado, sí, es cierto. Por muchas razones: porque cada vez hay más gente de todo el planeta que quiere venir a España a vivir y por alguna extraña razón resulta que no les apetece vivir en Palencia para disfrutar del patrimonio Románico que tiene y donde las casas seguro que son muy baratas. Y quien dice Palencia, dice Zamora, Lugo o Badajoz, por poner algunos ejemplos.

No se construye con la suficiente rapidez para satisfacer la demanda, pero es que hay tanta demanda que es imposible satisfacerla. En los últimos 2 o 3 años han venido a quedarse con nosotros unos 3 millones de personas. Eso es un crecimiento imprevisto y no hay país que sea capaz de dar cobertura a tanta población en tan poco tiempo. Porque las casas llevan aparejados otros servicios: luz, gas, agua, espacios verdes, colegios, centros de salud, comunicaciones, etc.

Los salarios no suben a la misma velocidad que los precios, ni los impuestos. Hoy, en cualquier sitio, el menú del día cuesta entre 12-14 € o lo que es lo mismo, 2.000 pesetas cuando yo pagaba 150.

El problema real, tal y como ha comentado Marc Vidal, no es tanto el precio de la vivienda. No son los voraces e insaciables propietarios los responsables del aumento para hacer casi inasequible el alquiler. Son las normas que protegen a los okupas y penalizan a los propietarios; son los constantes aumentos de los impuestos; es el lento peregrinar por distintas administraciones antes de poder colocar el primer ladrillo; es la necesidad de crear electricidad a un precio asequible, que no proporciona la energía verde. Etc. etc. etc. Pero, sobre todo, el gran problema para acceder a una vivienda, son los salarios.

Fig 1.

Sin embargo, entre 2018 y 2026, el mercado inmobiliario español ha registrado una fuerte divergencia con respecto a los salarios. Mientras que el salario medio apenas ha aumentado (un 0,2% en términos reales ajustados a la inflación), el precio de la vivienda se ha disparado aproximadamente un 29,2%


 

Para finalizar me gustaría enviar un mensaje telegráfico:

  • Los problemas de la vivienda no son nuevos.
  • Los culpables no son aquellos que son señalados por quienes deberían de resolver los problemas y no crearlos. 
  • La frustración obnubila la mente de aquellos que se ven impotentes para acceder a alquilar o comprar una vivienda. Y así, son más manejables. 
  • Existe una obsesión por comprar una vivienda, propio de la cultura española y esta especie de neurosis está siendo hábilmente manejada por expertos en crispaciones. 
  • El problema real en España es la calidad del empleo. No basta con que se obligue a que el contrato sea indefinido. Debe ser verdaderamente estable y con un salario que permita cubrir las necesidades básicas. Y hoy en día, hay muchas personas que, teniendo un empleo, no pueden satisfacer esas necesidades. 
  • No se ha construido suficiente para satisfacer la demanda y, además, habría que acortar y simplificar los trámites para la construcción. 
  • No podemos dar cabida a todos los inmigrantes ilegales. No hay recursos para todos. Hay que hacerlo de una manera ordenada, controlada.

 

© Carlos Usín

domingo, junio 14, 2026

Los marginales de mayo del 68.


A mí, lo de mayo del 68 me pilló lejos. No sólo por la distancia física entre Madrid y París, sino también, porque todavía estaba muy lejos de entrar en el espacio universitario donde se fraguó toda esa movida. Pero, a pesar de ello, tengo nítidos recuerdos de las noticias, las huelgas, las algaradas, los enfrentamientos con los gendarmes, etc. que nos ofrecía la única televisión en España. Y si algo me ha quedado de todo aquello ha sido la sensación de que eso sólo fue una inmensa y carísima campaña de marketing, cuyo objetivo fue lanzar soflamas al aire a ver quién las cogía. Frases grandilocuentes surgidas de mentes de filósofos como Bernard-Henri Lévy, quien, años más tarde criticaría ese movimiento y a quienes lo impulsaron, mucho de los cuales, terminaron formando parte de la burguesía francesa.

Frases rimbombantes … retóricas … castas … No sé. A mí me suena de algo, ¿a ti no?

Y es esta especial habilidad que tienen los zurdos para lanzar ideas huecas, a veces pomposas, las que de alguna manera perviven en el subconsciente – y yo diría que, en el inconsciente, también – de quienes se consideran progresistas y se autodenominan cultos. El último ejemplo de ello me lo ha recordado mi – por otra parte – admirado actor José Sacristán cuando ha afirmado: "Antes de la prioridad nacional está la prioridad moral", en una evidente referencia crítica a la política de VOX.

Bien. Toda crítica política, expresada en sus justos términos, tiene cabida, pero lo que me llama la atención es ese matiz, tan peculiar, tan de la “gauche divine” de diferenciar entre lo “nacional” y un supuesto concepto superior, representado por una supuesta “moral”, como si la idea de VOX no encerrara ninguna moral, por el mero hecho de ser una idea de un partido de extrema derecha. Se apela a algo – una moral - que traspasa fronteras, que es supranacional y que, de alguna manera, entronca con ese sentimiento – falso, por cierto – de superioridad de los llamados progresistas. En realidad, todo esto es una falacia.

La moralidad no pertenece en exclusiva a ningún partido político, ni país, ni religión determinada. La moralidad es un concepto meramente cultural que varía según la latitud, el momento histórico y el entorno en el que te muevas, aunque los comunistas siempre han pretendido envolverse en banderas con conceptos utópicos que pretendían agrupar al resto de los humanos, aunque fuese a base engañifas biensonantes.

La prioridad moral que sugiere Sacristán es la que va a favor de las víctimas del tráfico de seres humanos desembarcados en nuestras costas por las mafias. Un tráfico del que las ONG obtienen pingües beneficios, merced a todas las ayudas y subvenciones que se les concede por parte de aquellos que ya vivimos aquí y a quienes, curiosamente, Sacristán nos arrebata esa prioridad moral por el mero hecho de llevar más tiempo aquí, trabajar y pagar los impuestos, de donde salen los beneficios de las ONG.

Me temo que al bueno de D. José, se le ha pasado por alto la “prioridad moral” de los independentistas catalanes, que exigen disponer de la autoridad en materia de inmigración, para seleccionar quién entra y quién no en Cataluña, o la del PNV, cuya política de inmigración aboga por una gestión ordenada, humanitaria y vinculada a la integración laboral. No sé a ti, pero a mí me suena bastante parecido a lo que dice VOX.

Una vez más, las grandes frases, las grandes ideas de la izquierda, caen una y otra vez, en la contradicción, como aquellos mensajes lanzados al mundo y a los gendarmes franceses junto con los adoquines de las calles de París: «La imaginación al poder, prohibido prohibir, seamos realistas, pidamos lo imposible» y tantos otros, que, cómo no, tuvieron su pálido reflejo en aquel movimiento de vulgar imitación llamado el 15-M. «Sí se puede», gritaban enfervorizados.

Buena parte de los que promovieron el mayo del 68 en Francia, acabaron siendo aquello que criticaban: burgueses de clase media y alta. Los del 15-M, tan sólo les copiaron, se aseguraron su futuro y volvieron a dejar en la estacada a todos los incrédulos que confiaron en ellos. O sea, la misma historia de siempre. Y para más inri, les piden dinero para montar un bar más grande, y se lo dan. Sarna con gusto no pica.

La llamada prioridad moral que reclama Sacristán sólo es un intento de menospreciar un concepto y sustituirlo por otro, supuestamente, superior, sin darse cuenta que, aunque lo que pretende es eliminar una discriminación, sin embargo, ese mismo concepto ya está discriminando de igual modo. Exactamente igual que ha sucedido a lo largo de las décadas con el comunismo: todos somos iguales…aunque unos son más iguales que otros.

La prioridad moral no es una idea superior a la prioridad nacional. Tan sólo pretende ser aplicada a un conjunto diferente de seres humanos, por lo que, no deja de ser tan discriminatoria como aquella. Y como suele suceder con demasiada frecuencia, una cosa son los principios filosóficos y otra muy distinta aplicarlos con justicia en la vida real. O dicho en román paladino: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”.

 

© Carlos Usín

lunes, junio 08, 2026

Los nuevos españoles

A raíz del decreto del gobierno por el que se va a conceder la nacionalidad española a los supuestos nietos de quienes emigraron de España como consecuencia de la Guerra Civil, hace poco se me ocurrió escribir en mi muro de Facebook una reflexión al respecto, y decía así:


“La nacionalidad es una cosa y el derecho a votar es otro concepto. Si un extranjero está obligado a declarar a Hacienda sus ingresos si permanece al menos 180 días en España, a alguien que no reside en España, ni siquiera 180 días, no se le debería permitir el voto. O sea, si pagas impuestos aquí, puedes votar. Si no, no.”

He de decir que el post tuvo bastante aceptación y un alto nivel de participación, porque más de 100 personas mostraron su posición.

Muchas veces, constreñido por el espacio a mi disposición, mis mensajes pueden resultar excesivamente crípticos y por eso ahora que tengo más espacio y más tiempo, voy a intentar explayarme y explicarme mejor.

Lo primero es que tal y como está planteada la idea se enfrentan dos conceptos legales diferentes: la nacionalidad y el derecho fiscal. Pero tal y como apunté en el hilo de Facebook lo que pretendía era enfocar el asunto con una cierta perspectiva lógica. Y no me parece lógico que un descendiente de españoles que emigraron a otro país y probablemente no han regresado nunca, al menos a residir permanentemente, tenga el derecho al voto y todo lo que ello conlleva, es decir, sanidad pública, educación pública, etc. etc. etc. en igualdad de condiciones con quienes sí tienen su residencia permanente y son españoles desde que nacieron. Simplemente, porque estos últimos pagan impuestos aquí y por tanto sus votos están mucho más apegados a la realidad cotidiana, que la de aquellos que, tal vez, tengan dificultades para ubicar en el mapa dónde nacieron sus abuelos.

Imaginemos, por ejemplo, la saturación en los servicios públicos mencionados y el problema añadido de vivienda que se crea, si tan solo una parte de todos ellos, decidiera venir a España y ser tratados como lo que les hemos dicho que son: españoles.

No sé si esta teoría tiene mucho, poco o nada que ver con la idea de VOX que han llamado “prioridad nacional”. No lo sé y no me importa. Sólo me pregunto si no estaremos siendo injustos otorgando derechos por naturalización espontánea, en base a un concepto como es el del emigrante por obligación debido a la situación política. Un asunto al que me referiré más adelante.

Si damos por bueno este concepto de hacer españoles a los nietos de los que se fueron, ¿por qué no hacer lo mismo con los millones de judíos, árabes y demás que fueron expulsados de España por los Reyes Católicos? Los Sefarditas hasta mantuvieron el idioma. ¿Podríamos hacer lo mismo con los descendientes de Cuba, Puerto Rico o Filipinas? ¿Y qué tenemos que hacer con los cientos de miles de vascos que fueron expulsados de su casa, del País Vasco, bajo la amenaza asesina de ETA? Ahora a esos vascos que tuvieron que huir para salvar su vida, no se les permite empadronarse en sus lugares de origen y sus votos no pueden incidir en la política, ni vasca, ni española.

¿Dónde está la fecha límite de volver atrás en el tiempo para, supuestamente, hacer justicia? ¿A los que huyeron durante o tras la guerra civil, sí, pero a los vascos, ¿no?

Esto me lleva a abordar un asunto que adelantaba unas líneas más arriba y tiene que ver con el supuesto, dado como algo cierto e indiscutible, de que aquellos que emigraron de España, lo hicieron víctimas de la persecución política que se desarrolló durante y después de la guerra civil española, principalmente por el bando franquista, cuando en realidad, las persecuciones se libraron por ambos bandos. Da la impresión de que sólo se va a premiar a los nietos de los republicanos, como si ellos fueran las únicas víctimas. Y eso tampoco es cierto.

La historia nos ha dejado testimonio de aquellos republicanos irredentos que abandonaron España por estar en contra del delirio del “Frente Popular. Estos son algunos ejemplos obtenidos de la IA de Google.

Niceto Alcalá-Zamora: Primer presidente de la Segunda República. Destituido en 1936 por las Cortes, el estallido de la guerra le sorprendió fuera de España. Decidió no regresar jamás tras ver cómo milicianos del Frente Popular asaltaban su domicilio. Se exilió definitivamente en Argentina.

Alejandro Lerroux: Líder del Partido Republicano Radical y varias veces jefe de Gobierno durante el bienio de centro-derecha. Defendía una república conservadora y moderada. Huyó a Portugal en 1936 ante el peligro real de ser asesinado por milicias de izquierda.

Miguel Maura: Cofundador de la República y primer ministro de la Gobernación. De ideología republicana y conservadora, abandonó el país hacia Francia en los primeros meses de la Guerra Civil al constatar el colapso del orden público institucional.

Melquíades Álvarez: Histórico líder del Partido Republicano Liberal Demócrata. Aunque no llegó a emigrar porque fue encarcelado y trágicamente asesinado en la cárcel de Modelo de Madrid en agosto de 1936, su partido se desvinculó por completo de la deriva frente populista.

Clara Campoamor: Célebre diputada republicana que logró el voto femenino en España. En septiembre de 1936 huyó de Madrid temiendo por su vida debido a la violencia revolucionaria en la retaguardia republicana. Pasó el resto de sus días exiliada en Suiza y Argentina sin apoyar a ninguno de los dos bandos en conflicto.

José Ortega y Gasset: Filósofo fundamental e impulsor de la Agrupación al Servicio de la República. Abandonó España a los pocos meses de empezar la contienda, profundamente decepcionado por el extremismo político, refugiándose en Francia, Argentina y Portugal. José Ortega y Gasset regresó a España el 26 de agosto de 1945, tras pasar nueve años en el exilio entre Francia, Argentina y Portugal.

Gregorio Marañón: Médico, científico e intelectual que, al igual que Ortega, ayudó a traer la República en 1931. Tras sufrir amenazas de muerte por parte de extremistas de izquierda en Madrid, huyó a París a finales de 1936, denunciando la deriva totalitaria del bando gubernamental. Regresó definitivamente a España en el otoño de 1942.

Ramón Pérez de Ayala: Escritor y diplomático republicano que llegó a ser embajador de la República en Londres. Dimitió de su cargo en 1936 ante los excesos del Frente Popular y abandonó el país criticando duramente la situación de violencia revolucionaria. Ramón Pérez de Ayala regresó definitivamente a España en 1954.

Son sólo algunos ejemplos que pretenden ilustrar dos elementos esenciales para entender mi postura. La primera, que no todos los que emigraron fueron perseguidos por Franco. La segunda y no menos importante, que, siendo republicanos irredentos y confesos, regresaron a España recién terminada la contienda, con Franco en El Palacio de El Pardo, y no fueron molestados, ni perseguidos durante el ejercicio de su trabajo.

Por todo lo antedicho, lanzar un proceso de nacionalización masiva, en base a un supuesto parentesco y unido a una supuesta persecución ideológica, no me parece que sea una buena idea. Simplemente, porque la historia desmiente la base de semejante supuesto. Hubo españoles que emigraron, cierto. Algunos temieron por su vida, cierto. Pero no es menos cierto que los que quisieron regresar lo hicieron sin mayores inconvenientes y no se tienen noticias de que una vez en España, sufrieran algún tipo de persecución. Excepto si se metían en política, claro.

Durante el Franquismo, actores como Paco Martínez Soria, Miguel Gila o el padre de Arturo Fernández, eran o habían sido miembros de la C.N.T. Y nadie les molestó por eso.

Esto de nacionalizar a extranjeros nietos de españoles me recuerda un tiempo pasado relacionado con el fútbol.

Por aquellos tiempos, cuando la participación de España en la fase final de un mundial nunca estaba asegurada y hubo más de un mundial al que no pudimos ir por no clasificarnos, algunos dirigentes decidieron que la culpa de ello se debía a que los equipos españoles estaban repletos de jugadores extranjeros y que ello impedía el normal desarrollo y progreso de los jóvenes nacionales. Como consecuencia, se determinó que los equipos sólo podían disponer de dos extranjeros.

A pesar de tan sabia decisión y emulando un poco la famosa historia de los remeros japoneses y los de Lepe, los mismos sabios que limitaron la presencia de extranjeros en los equipos y a la vista de que seguíamos haciendo el ridículo igualmente, decidieron abrir un poco la mano y permitieron que los equipos de fútbol españoles pudieran fichar a extranjeros, siempre y cuando pudieran acreditar que eran nietos de españoles.

Por supuesto, a partir de ese momento, comenzaron a aparecer sospechosas partidas de nacimiento de archivos que se habían perdido durante la guerra civil, en mitad de un incendio, de una inundación o la invasión de Napoleón.

Sospecho que, con esta nueva originalidad del gobierno, va a suceder algo similar a lo que sucedió en su día con el fútbol, y descubriremos que algún descendiente de Hernán Cortés, o Cristobal Colón, es negro como una noche sin luna.

Eso sí, estoy seguro de que esta nueva ocurrencia sirve para los espurios intereses del presidente del gobierno, dispuesto a perpetuarse en la lucha como el coronel Aureliano Buendía.

 

© Carlos Usín