A raíz del decreto del gobierno por el que se va a conceder la nacionalidad española a los supuestos nietos de quienes emigraron de España como consecuencia de la Guerra Civil, hace poco se me ocurrió escribir en mi muro de Facebook una reflexión al respecto, y decía así:
“La nacionalidad es una cosa y el derecho a votar es otro concepto. Si un extranjero está obligado a declarar a Hacienda sus ingresos si permanece al menos 180 días en España, a alguien que no reside en España, ni siquiera 180 días, no se le debería permitir el voto. O sea, si pagas impuestos aquí, puedes votar. Si no, no.”
He de decir que el post tuvo
bastante aceptación y un alto nivel de participación, porque más de 100
personas mostraron su posición.
Muchas veces, constreñido por el
espacio a mi disposición, mis mensajes pueden resultar excesivamente crípticos
y por eso ahora que tengo más espacio y más tiempo, voy a intentar explayarme y
explicarme mejor.
Lo primero es que tal y como está
planteada la idea se enfrentan dos conceptos legales diferentes: la
nacionalidad y el derecho fiscal. Pero tal y como apunté en el hilo de Facebook
lo que pretendía era enfocar el asunto con una cierta perspectiva lógica. Y no me
parece lógico que un descendiente de españoles que emigraron a otro país y
probablemente no han regresado nunca, al menos a residir permanentemente, tenga
el derecho al voto y todo lo que ello conlleva, es decir, sanidad pública,
educación pública, etc. etc. etc. en igualdad de condiciones con quienes sí
tienen su residencia permanente y son españoles desde que nacieron.
Simplemente, porque estos últimos pagan impuestos aquí y por tanto sus votos
están mucho más apegados a la realidad cotidiana, que la de aquellos que, tal
vez, tengan dificultades para ubicar en el mapa dónde nacieron sus abuelos.
Imaginemos, por ejemplo, la
saturación en los servicios públicos mencionados y el problema añadido de
vivienda que se crea, si tan solo una parte de todos ellos, decidiera venir a
España y ser tratados como lo que les hemos dicho que son: españoles.
No sé si esta teoría tiene mucho,
poco o nada que ver con la idea de VOX que han llamado “prioridad nacional”. No
lo sé y no me importa. Sólo me pregunto si no estaremos siendo injustos otorgando
derechos por naturalización espontánea, en base a un concepto como es el del
emigrante por obligación debido a la situación política. Un asunto al que me
referiré más adelante.
Si damos por bueno este concepto
de hacer españoles a los nietos de los que se fueron, ¿por qué no hacer lo
mismo con los millones de judíos, árabes y demás que fueron expulsados de
España por los Reyes Católicos? Los Sefarditas hasta mantuvieron el idioma. ¿Podríamos
hacer lo mismo con los descendientes de Cuba, Puerto Rico o Filipinas? ¿Y qué
tenemos que hacer con los cientos de miles de vascos que fueron expulsados de
su casa, del País Vasco, bajo la amenaza asesina de ETA? Ahora a esos vascos
que tuvieron que huir para salvar su vida, no se les permite empadronarse en
sus lugares de origen y sus votos no pueden incidir en la política, ni vasca,
ni española.
¿Dónde está la fecha límite de
volver atrás en el tiempo para, supuestamente, hacer justicia? ¿A los que
huyeron durante o tras la guerra civil, sí, pero a los vascos, ¿no?
Esto me lleva a abordar un asunto
que adelantaba unas líneas más arriba y tiene que ver con el supuesto, dado
como algo cierto e indiscutible, de que aquellos que emigraron de España, lo
hicieron víctimas de la persecución política que se desarrolló durante y
después de la guerra civil española, principalmente por el bando franquista,
cuando en realidad, las persecuciones se libraron por ambos bandos. Da la
impresión de que sólo se va a premiar a los nietos de los republicanos, como si
ellos fueran las únicas víctimas. Y eso tampoco es cierto.
La historia nos ha dejado
testimonio de aquellos republicanos irredentos que abandonaron España por estar
en contra del delirio del “Frente Popular. Estos son algunos ejemplos obtenidos
de la IA de Google.
Niceto Alcalá-Zamora:
Primer presidente de la Segunda República. Destituido en 1936 por las Cortes,
el estallido de la guerra le sorprendió fuera de España. Decidió no regresar
jamás tras ver cómo milicianos del Frente Popular asaltaban su domicilio. Se
exilió definitivamente en Argentina.
Alejandro Lerroux: Líder
del Partido Republicano Radical y varias veces jefe de Gobierno durante el
bienio de centro-derecha. Defendía una república conservadora y moderada. Huyó
a Portugal en 1936 ante el peligro real de ser asesinado por milicias de
izquierda.
Miguel Maura: Cofundador
de la República y primer ministro de la Gobernación. De ideología republicana y
conservadora, abandonó el país hacia Francia en los primeros meses de la Guerra
Civil al constatar el colapso del orden público institucional.
Melquíades Álvarez:
Histórico líder del Partido Republicano Liberal Demócrata. Aunque no llegó a
emigrar porque fue encarcelado y trágicamente asesinado en la cárcel de Modelo
de Madrid en agosto de 1936, su partido se desvinculó por completo de la deriva
frente populista.
Clara Campoamor: Célebre
diputada republicana que logró el voto femenino en España. En septiembre de
1936 huyó de Madrid temiendo por su vida debido a la violencia revolucionaria
en la retaguardia republicana. Pasó el resto de sus días exiliada en Suiza y
Argentina sin apoyar a ninguno de los dos bandos en conflicto.
José Ortega y Gasset:
Filósofo fundamental e impulsor de la Agrupación al Servicio de la República.
Abandonó España a los pocos meses de empezar la contienda, profundamente
decepcionado por el extremismo político, refugiándose en Francia, Argentina y
Portugal. José Ortega y Gasset regresó a España el 26 de agosto de 1945,
tras pasar nueve años en el exilio entre Francia, Argentina y Portugal.
Gregorio Marañón: Médico,
científico e intelectual que, al igual que Ortega, ayudó a traer la República
en 1931. Tras sufrir amenazas de muerte por parte de extremistas de izquierda
en Madrid, huyó a París a finales de 1936, denunciando la deriva totalitaria
del bando gubernamental. Regresó definitivamente a España en el otoño de
1942.
Ramón Pérez de Ayala:
Escritor y diplomático republicano que llegó a ser embajador de la República en
Londres. Dimitió de su cargo en 1936 ante los excesos del Frente Popular y
abandonó el país criticando duramente la situación de violencia revolucionaria.
Ramón Pérez de Ayala regresó definitivamente a España en 1954.
Son sólo algunos ejemplos que
pretenden ilustrar dos elementos esenciales para entender mi postura. La
primera, que no todos los que emigraron fueron perseguidos por Franco. La
segunda y no menos importante, que, siendo republicanos irredentos y confesos,
regresaron a España recién terminada la contienda, con Franco en El Palacio de
El Pardo, y no fueron molestados, ni perseguidos durante el ejercicio de su
trabajo.
Por todo lo antedicho, lanzar un
proceso de nacionalización masiva, en base a un supuesto parentesco y unido a
una supuesta persecución ideológica, no me parece que sea una buena idea. Simplemente,
porque la historia desmiente la base de semejante supuesto. Hubo españoles que
emigraron, cierto. Algunos temieron por su vida, cierto. Pero no es menos
cierto que los que quisieron regresar lo hicieron sin mayores inconvenientes y
no se tienen noticias de que una vez en España, sufrieran algún tipo de
persecución. Excepto si se metían en política, claro.
Durante el Franquismo, actores
como Paco Martínez Soria, Miguel Gila o el padre de Arturo Fernández, eran o
habían sido miembros de la C.N.T. Y nadie les molestó por eso.
Esto de nacionalizar a extranjeros
nietos de españoles me recuerda un tiempo pasado relacionado con el fútbol.
Por aquellos tiempos, cuando la
participación de España en la fase final de un mundial nunca estaba asegurada y
hubo más de un mundial al que no pudimos ir por no clasificarnos, algunos
dirigentes decidieron que la culpa de ello se debía a que los equipos españoles
estaban repletos de jugadores extranjeros y que ello impedía el normal
desarrollo y progreso de los jóvenes nacionales. Como consecuencia, se
determinó que los equipos sólo podían disponer de dos extranjeros.
A pesar de tan sabia decisión y
emulando un poco la famosa historia de los remeros japoneses y los de Lepe, los
mismos sabios que limitaron la presencia de extranjeros en los equipos y a la
vista de que seguíamos haciendo el ridículo igualmente, decidieron abrir un
poco la mano y permitieron que los equipos de fútbol españoles pudieran fichar
a extranjeros, siempre y cuando pudieran acreditar que eran nietos de
españoles.
Por supuesto, a partir de ese
momento, comenzaron a aparecer sospechosas partidas de nacimiento de archivos
que se habían perdido durante la guerra civil, en mitad de un incendio, de una
inundación o la invasión de Napoleón.
Sospecho que, con esta nueva
originalidad del gobierno, va a suceder algo similar a lo que sucedió en su día
con el fútbol, y descubriremos que algún descendiente de Hernán Cortés, o
Cristobal Colón, es negro como una noche sin luna.
Eso sí, estoy seguro de que esta
nueva ocurrencia sirve para los espurios intereses del presidente del gobierno,
dispuesto a perpetuarse en la lucha como el coronel Aureliano Buendía.
© Carlos Usín