domingo, octubre 04, 2026

Maricarmen y sus muñecos

Hace algunos años había una ventrílocua llamada Maricarmen, que hacía reír al público con sus monólogos incisivos, a través de un león gay, un pato muy chulo y resabiado, una anciana de pueblo, un poco sorda y que siempre vestía de negro y una niña que era menos inocente de lo que aparentaban sus coletas.


En el panorama artístico español la aparición de Maricarmen fue toda una conmoción. Jamás en España había habido una mujer dedicada a la ventriloquía. Tan solo los más veteranos, recordamos a Herta Frankel, en aquellos años de la primigenia TVE de los años 60.

El tiempo ha pasado y tanto “Leoncio” como “Nicol” o “Doña Rogelia”, descansan para siempre en un baúl.

Pero ahora tenemos otra Maricarmen que también se ha hecho famosa. Ha saltado a la palestra de forma repentina. Desde el más absoluto anonimato a ser portada de todos los medios de comunicación. ¿Y qué méritos ha contraído esta señora para conseguir semejante popularidad? Pues ha sido fácil. Se ha puesto en manos de manipuladores expertos de opinión y su papel básico ha sido el de presentarse como víctima. El perfil ofrecido ha sido el de una mujer de avanzada edad, con una pensión escasa, de salud delicada y que víctima de un “fondo buitre”, se ve en la calle, expulsada del que fue su hogar durante décadas y con un futuro incierto. Esta fue la primera imagen que nos llegó a los mortales en los primeros días cuando saltó a los medios.

Luego, algunos periodistas de verdad, se han dedicado a hacer su trabajo y hemos ido descubriendo factores, matices, medias verdades, bulos y falsedades enormes, todo ello con el fin de representar una obra de teatro. Y a partir de ahí, la imagen pública de la señora ha ido mutando al tiempo que la opinión de la gente iba conociendo los entresijos.

El resto de esos matices ya los hemos ido conociendo a lo largo de estas semanas y cada uno tiene una imagen más o menos ajustada a los datos que conoce. Pero yo quisiera centrarme en analizar una serie de preceptos, de mantras o de eslóganes que se hacen circular para justificar la concentración en la Puerta del Sol y su justificación. Y algunas son muy curiosas y llamativas.

Como da igual comenzar por uno o por otro, el primero es el que se refiere al tan denostado concepto de “especular”. Irene Montero, la marquesita de Galapagar, ha gritado a los micrófonos que la compra de vivienda con interés especulativo, debía ser prohibido por decreto.

Lo primero que se me plantea es determinar sin ambages el concepto especular. Tal y como señalaba en mi anterior post Carlos Usín - Blog personal: La vivienda en España. según el DRAE, la verdad es que algunas de las acepciones del término “especular”, casi levantan más enconamientos que el original, siendo “traficar” el que más me llama la atención. Sin embargo, creo que la acepción que más se ajusta al asunto que estamos tratando es el siguiente: “Procurar provecho o ganancia fuera del tráfico mercantil.”

Es decir, en el caso de una vivienda que un propietario dispone y la coloca en el mercado del alquiler, si intenta obtener unos réditos por ello, puede se le califique de especulador, aunque el único beneficio que saque sea entorno a 200-300 euros al mes.

A pesar de tan modestos beneficios el inquilino – o un sindicato de pacotilla - es probable que considere que el monto está fuera de lugar y lo considere abusivo; como tal vez sean abusivos los impuestos a los que debe hacer frente el casero frente a la Administración: luz, agua, gas, comunidad propietarios, IBI, derramas, arreglos, reposición de material dentro de la vivienda deteriorado por el uso…o por el vandalismo, etc. Y que como en todo negocio debe repercutir en el precio final del producto.

Así llegamos al punto en el que una persona tiene una vivienda, la ofrece en alquiler, pero Irene Montero considera que lo que hace el propietario es especular. Especular con un bien de primera necesidad.

Y yo me pregunto: ¿Y qué hacemos con el pan? Un bien básico en la alimentación, del que el panadero obtiene unos beneficios. ¿Consideramos esos beneficios especulación? ¿Y tener que pagar por beber agua del grifo?

Bien. Sigamos con el razonamiento de la cajera. Si el propietario de una vivienda no debería obtener ningún rédito de esa propiedad, sólo le quedan dos alternativas: o la alquila gratis o la vende. Descartemos la primera opción por obvia y vayamos hacia la segunda alternativa. El nuevo casero compra la vivienda y resulta que es una compañía multinacional que dispone de miles de viviendas. El llamado fondo buitre. O mejor aún, un destacado miembro de la izquierda progresista de España que desea aumentar una propiedad más a las docenas que ya tiene y que, por supuesto, obtiene un rédito por todas ellas, aunque a los congregados en la Puerta del Sol parece no importarles. Entonces, el fondo buitre – o el progre de izquierdas - fija un precio inasumible y la inmensa mayoría de las personas no pueden acceder a esa vivienda.

Resumiendo: por la presión ejercida contra el propietario original de la vivienda y tras acusarlo de ser un especulador, la vivienda tiene otro dueño, pero a un precio tan alto que ha salido del mercado. Esa vivienda YA NO ESTÁ DISPONIBLE para la mayoría.

El propietario – ya sea el original o el nuevo – dispone de otra solución. Convertir el piso en uno de tipo vacacional. Pero, llegados a este punto debemos recordar que partimos del principio de Irene Montero de que “se debe prohibir por decreto la compra de viviendas con fines especulativos”. Es decir: las casas donde las personas habitan deben tener coste cero al inquilino, porque cualquier cantidad satisfecha en concepto de alquiler, puede ser catalogada como especulación. Por lo tanto, en esta situación, en la que el tenedor de la propiedad no va a ganar nada, debería ser EL ESTADO el dueño de la vivienda. Es decir, el comunismo, de nuevo, tratando de mostrarnos el camino al abismo con la colectivización de todo tipo de propiedades. El problema es que, comunista o no, este gobierno no ha construido ni una puta casa en 8 años en ninguna parte de España. O sea, el gobierno es parte del problema. Y tampoco ha dado solución a las 80.000 viviendas que han sido okupadas ilegalmente en España en los últimos 5 años.

Así es que, por resumir un poco, el lícito margen comercial cuando se habla de vivienda se convierte por mor de las nuevas corrientes políticas, en especulación, y por tanto no se reconoce el interés del casero en invertir en España su dinero, en un sector que necesita proporcionar más y más producto ante una demanda incontrolada y unos poderes públicos incompetentes e ineficaces, que se mueve más por tics ideológicos que reales.

¿Y qué sucede cuando a un inversor se le enseña la puerta de salida y se le deja bien claro que no es bien venido? Pues que coge su dinero y se va. Y entonces, no solamente ya no existe esa casa en la que vivía esa señora. Es probable que haya muchas más que el inversor, en vista de la inseguridad jurídica de España, decida coger su dinero y marcharse a otros países de Europa donde le garanticen que no le van a acosar.

Es este tipo de filosofías de cajeras de supermercado, lo que expulsa a los inversores.

En otras palabras, la propiedad privada, tal y como la hemos entendido hasta ahora, salta por los aires. Uno puede ser el dueño de lo que quiera, pero no de una vivienda en la que no viva el propio dueño. A esa persona no se le permite hacer con su dinero lo que buenamente le plazca, como, por ejemplo, alquilar la vivienda. En casos como este, los que así opinan establecen una nueva norma según la cual “no se puede especular” con el derecho de los posibles inquilinos. O sea, los que todavía no han alquilado la vivienda ya han adquirido unos derechos especiales que, por definición, son de un rango superior a los derechos que tiene el dueño sobre su propiedad privada. Yo creo que eso se asemeja bastante a una expropiación; es decir, una entidad de orden supuestamente superior, se adueña de tu piso y establece unas reglas no escritas en la jurisprudencia española, según las cuales el propietario no puede obtener beneficios económicos mientras el inquilino sí puede vivir porque lo dice la Constitución, que tiene derecho a una vivienda.

Mientras tanto, la pobre anciana víctima de los especuladores y puntualmente asistida por sus abogados, - que nadie sabe quién paga - ha conseguido quedarse a vivir donde legalmente no debería, representando así, la excepción con respecto a los 25.000 desahucios anuales que se ejecutan en España o 275.000 que se han acumulado desde que gobierna el PSOE en 2018.

Si al inicio comenzaba haciendo referencia a una ventrílocua - Maricarmen y sus muñecos-, creo que ahora para despedirme es mejor mencionar aquella famosa canción: “Había una vez un circo…”

 

© Carlos Usín

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