miércoles, julio 22, 2026

La FIFA.

En general, todos aquellos seguidores y amantes del fútbol saben qué es (en teoría) esta organización que responde a las siglas de F.I.F.A. El acrónimo en inglés de Federación Internacional de Fútbol Asociación. En la práctica esto actúa casi como una mafia disfrazada de ONG.



Supuestamente, la FIFA es una asociación sin fines de lucro registrada bajo el derecho civil de Suiza, con sede en Zúrich. Ya de entrada, el mero hecho de que una supuesta ONG tenga su sede en Suiza y figure bajo el amparo del derecho civil de aquel país, ya es sospechoso. Suiza, no responde precisamente a la imagen de un país transparente si hablamos de dinero.

En teoría, la FIFA viene a ser como la Santa Inquisición. Ésta tenía como objetivo único, preservar la única fe verdadera y los dogmas marcados por la Iglesia de Roma. De igual forma, la FIFA, teóricamente, tiene como objetivo declarado gobernar el fútbol, salvaguardar sus reglas (a través de la IFAB), desarrollar el deporte desde sus bases y organizar los torneos de selecciones más importantes, principalmente la Copa Mundial de la FIFA. Y digo en teoría, pero en la práctica las cosas son algo diferentes y se parecen más al funcionamiento de una mafia que al de una ONG.

En primer lugar, la FIFA es un organismo supranacional, o lo que es lo mismo, aparte de responder ante el derecho civil de Suiza en ciertas cuestiones, hace y deshace a su antojo. Tiene sus propias normas y leyes y las aplica de modo discrecional. Es la propietaria de facto de todos los jugadores profesionales del planeta; obliga a los países y a sus selecciones a jugar las competiciones que establece; fija las normas y las modifica a su antojo: en este Mundial, 48 selecciones y ahora se rumorea que, dado el éxito, en el siguiente quieren aumentar. Por tanto, someten a los jugadores a una especie de esclavitud laboral, ya que, si se niegan a jugar con sus selecciones sin motivo médico que lo justifique, son sancionados. Y todo ello y mucho más, sin contar con los que tienen que correr, y en muchos casos, tampoco con las distintas federaciones nacionales.

La designación de un país como organizador de la Copa del Mundo, no es ni más ni menos que un proceso de subasta y de corrupción, como ya se ha demostrado en anteriores ocasiones. Las compras de voluntades de aquellos que tienen que dar su voto para una u otra candidatura, están a la orden del día. Sólo así se entiende que a lo largo de la historia del torneo se haya realizado un único Mundial en invierno, en un país como Qatar. Lógicamente para llevarlo hasta allí, había que trastocar los calendarios de todos los países, ya que, por lo general, el torneo se juega en verano, al finalizar los campeonatos nacionales, y si se hubiera hecho en Qatar en esa época, habrían fenecido todos: jugadores, equipos técnicos y algún camello.

Además, hacerlo en Qatar demuestra que la FIFA no tiene mayores escrúpulos a la hora de llevar el negocio a países donde el respeto a los derechos humanos son discutibles o simplemente inexistentes. La FIFA “se puso de perfil” (ahora que esta frase se ha puesto de moda) a la hora de reconocer o investigar los abusos cometidos por las empresas qataríes con los trabajadores hindúes y paquistaníes, que además de vivir en condiciones inhumanas y morir como chinches, apenas cobraban un salario digno…y se podían contentar con cobrar.

Otros ejemplos de esta mentalidad amplia de la FIFA, han sido los campeonatos del Mundo celebrados en países como en la Italia fascista de 1934, en Mexico en 1970, o en Argentina en 1978, bajo una dictadura militar. Aquí, ganó Argentina, por supuesto.

Como la FIFA no tiene bastante con organizar la Copa del Mundo de selecciones nacionales, también pensó que sería una estupenda idea hacerlo con los clubes, respondiendo a la fórmula: más fútbol = más dinero. Más dinero por la venta de entradas, por los derechos de transmisión, etc. Y si para ello los clubes tienen que alterar su calendario de competición doméstico y trasladarse al otro lado del mundo porque a la FIFA se le ha antojado que el torneo se juegue en Japón, (un país de larga tradición futbolística) pues se van a Japón, se meten una paliza de avión considerable y si algún jugador se lesiona, pues ya le pagará el club del que depende. La FIFA es como un Casino: gana la banca siempre.

Hasta ahora he mencionado aquellos aspectos que forman parte PREVIA al espectáculo, al propio fútbol. Luego, cuando la bola echa a rodar, las cosas se complican y la larga mano negra de la FIFA se deja ver en el terreno de juego.

Yo, que he visto mucho fútbol, recuerdo el robo manifiesto que le hicieron a Alemania en el Mundial de Inglaterra de 1966. Un disparo de los ingleses dio en el larguero y botó en medio de la línea de gol. En las infinitas repeticiones de la imagen congelada se ve claramente que el balón no traspasa totalmente la línea. Bueno, pues interesaba que ganara Inglaterra a Alemania, probablemente por la carga política que llevaba el asunto, y claro, terminó ganando el único mundial que ha ganado hasta ahora. De hecho, la tercera plaza que acaba de ganar en este mundial contra Francia es la mejor clasificación de Inglaterra desde entonces.


Otro gol fantasma fue el que marcó Míchel a Brasil, en el Mundial de Mexico de 1986. Esta vez el balón entró claramente, pero claro, era Brasil. Y se nos quedó cara de tontos cuando no concedieron el gol.


Y para no aburrir demasiado al personal me centraré ahora en otro insulto que sufrió España, esta vez, en el Mundial de Korea en 2002. Nos enfrentábamos a la anfitriona y la FIFA pensó que era una idea excelente poner a un árbitro egipcio, seguramente, para añadir color al tema. El caso es que el egipcio nos persiguió durante todo el partido y el colmo fue cuando anuló un gol a España, argumentando que cuando se centró el balón desde la línea de fondo, el balón había salido del campo. Una mentira tan evidente que dolía a los ojos.


Más tarde se supo que el entonces presidente de la F.E.F (que muchos años después, terminó con sus huesos en el trullo) transigió con la designación del egipcio a cambio de un puesto en la FIFA de esos que no tienes que currar demasiado, te lo pagan bien y comes y bebes de maravilla. La consecuencia de ello fue que el seleccionador, José Antonio Camacho, dimitió.

Lo de este Mundial con Argentina, merecería un libro aparte, empezando, curiosamente, por el partido contra la selección de Egipto.

Resumiendo, que es gerundio. La FIFA, aunque en teoría es una ONG, en realidad es una máquina de fabricar dinero abusando de los profesionales, tratándolos casi como a esclavos, obligándolos a realizar unos esfuerzos que terminan por pasar factura a ellos y a sus clubes. Eligen dónde se juega, quién juega, cuándo se juega, cómo se juega y, en ocasiones, quién gana. A veces, esto último les sale mal.

Lo dicho: una mafia.

© Carlos Usín

domingo, julio 12, 2026

La gemela de Blue Jasmine.

Josefina nació en el seno de una familia acomodada. Acudió, como era preceptivo, a un colegio selecto donde, además de las asignaturas habituales, recibió clases de costura, de bordado, de punto de cruz y de macramé, todo ello muy útil para la función para la que estaba destinada, que no era otra que la de servir de esposa fiel y amantísima de un señor. Su madre, además, a nivel particular y como buena vasca, completó su formación y la enseñó a cocinar. Que no se diga jamás que una vasca no sabe cocinar. Sería tanto como decir que a un escocés no le gusta el whisky.

A pesar de lo bien que pintaban las cosas, la vida, a veces, se encarga de ponernos a prueba. En el caso de Josefina sucedió que su padre falleció cuando era una adolescente.

Al terminar los estudios y acceder a la mayoría de edad legal, también se le abrieron las puertas a la parte de la herencia de su padre. Ello le permitió disponer de fondos suficientes para poder organizar su vida sin demasiados agobios. Por eso, después de haber realizado algún curso de formación, tuvo su primer negocio. Pero le duró poco. A los tres meses tuvo que cerrar. Con un cierto espíritu emprendedor, aunque sin la base de conocimientos necesarios, decidió que su futuro estaba en el mundo de las flores y las plantas y montó una floristería, que no tardó demasiado tiempo en seguir el mismo camino que el negocio anterior.

Josefina era una mujer joven, educada y muy atractiva. No le costaba trabajo establecer una conversación y todo ello, en su conjunto, le fue facilitando el acceso a diferentes trabajos para los cuales no se necesitaba ninguna capacitación específica y notable, al margen de tener don de gentes y saber estar. Fue así como, con el transcurrir de los años, se vio rodeada por gente con alto poder adquisitivo, alto nivel de vida e incluso alguno de ellos, más de uno, le propuso matrimonio, algo a lo que Josefina, siempre se negó. Ella siempre quiso mantener su independencia por encima de cualquier otra consideración.

Los años fueron pasando y con ellos la juventud. Tuvo diversos negocios e inversiones que, en general, fueron compensando pérdidas y ganancias unos con otros, hasta que hace unos pocos años, invirtió todo el dinero que le quedaba, con la esperanza de que alguien diera duros a peseta. Y claro, al final pasó lo que tenía que pasar. La inversión supuso lo que Cuba para España: la pérdida de sus últimas posesiones, con el agravante de que la hipoteca de su casa, no estaba pagada.

Josefina, aquella joven atractiva, educada en un ambiente selecto y que disfrutó de los placeres en su madurez, hace ya tiempo que entró a formar parte de eso que se conoce como la tercera edad.

Arruinada, con el banco persiguiéndola por el pago de la hipoteca; la comunidad de propietarios reclamando sus cuotas; sin más ingresos que un triste subsidio que apenas le daba para comer, se vio en la necesidad de alquilar una de las habitaciones de su casa. Y así pasó bastantes años de penurias y renuncias. Nunca pasó por su imaginación poner en práctica los conocimientos que como cocinera le transmitió su madre. Jamás intentó conseguir salir del profundo hoyo en el que estaba a través de sus propios medios. Su espíritu intrépido a la hora de invertir en negocios de rentabilidad y viabilidad discutibles, no le llegó para tanto.

Después de todo, Josefina consiguió vender su casa por el método de la nuda propiedad; es decir, que legalmente la vivienda es de otra persona, pero ella tiene el usufructo hasta que se muera.

En cuanto tuvo dinero en metálico lo primero que hizo fue comprarse un coche. De segunda mano, claro. Y siguiendo con su inveterada costumbre de peregrinar de fiasco en fiasco en los negocios, invirtió en algo que, a todas luces era una estafa, como así se lo indicó un viejo conocido, quien, por cierto, tiene sus capacidades mentales algo disminuidas y convierte a Forrest Gump en un genio.

Hoy, Josefina, está sola. Ahora se lamenta de decisiones que tomó en el pasado, algo tan comprensible como inútil. Echa de menos a personas a las que ella misma apartó de su compañía y que, para más inri, ya han fallecido. Añora los tiempos de vino y rosas. A su lado ya no están aquellos que, en los momentos de las vacas gordas, de vacaciones en yates, de viajes de lujo, compartían con ella los días, algunas noches y se decían sus amigos.

Hoy, Josefina no encuentra consuelo a su desdicha.  No fue educada para afrontar situaciones así. Nunca tuvo el carácter para pelear por conseguir un trabajo. La vida le fue excesivamente plácida.

Conozco a personas cuyas abuelas en su día tuvieron que huir de la Revolución Bolchevique de 1917 y con más de 40 años, abandonar Moscú, coger a sus hijos de la mano y salir huyendo. Y llegaron a París, con una mano delante y otra detrás, y salieron a flote. Pero se necesita carácter, ánimo, espíritu de lucha y ganas de pelear. 

Josefina, ahora que ha conseguido salir del profundo hoyo en el que estuvo durante años, intenta inútilmente, revivir aquellos años de esplendor, donde podía gastar sin miramientos el dinero que le venía fácil.

Cada día más me recuerda a ese personaje interpretado magistralmente por Cate Blanchet, en la película de Woody Allen, “Blue Jasmine”. Una mujer que después de vivir en la opulencia se ve arrojada a sobrevivir en un mundo que ella siempre consideró inferior, casi obsceno.

 

© Carlos Usín     

domingo, julio 05, 2026

La soledad en edades senior

En el transcurso de unos pocos días he tenido sendas conversaciones sobre este asunto con amigas bien distantes entre sí: una en Madrid y la otra en México, y a pesar de la distancia física y de la pequeña diferencia de edad entre ellas – ambas rondan los 70 años – las dos echaban de menos la compañía de un hombre. Una me decía claramente, que se arrepentía de no haber intentado rehacer su vida al quedarse viuda hace 20 años. La otra, me consta que lo intentó, pero no ha tenido suerte. Una vez más, en ocasiones, el hecho de que lo intentes, sea lo que sea, no es suficiente para tener éxito.


Sobre la soledad, ya he hablado en mi blog (ver aquí) en alguna ocasión, pero a raíz de estas dos conversaciones, me ha hecho reflexionar una vez más en ello.

Para empezar, me parece clarísimo que cuando se habla de compañía en estos términos y estas edades, en realidad, estamos hablando de soledad. Creo que la soledad se puede padecer en cualquier momento de la vida, bajo cualquier circunstancia; no es necesario estar solo, viudo, soltero ni nada de eso, pero es en una edad avanzada cuando resulta prácticamente imposible vencerla.

A los 30,40 incluso 50 años, creo que todavía existen posibilidades de encontrar a la persona con la que te apetece compartir lo que reste de vida, pero hay un punto a partir del cual, esas posibilidades se reducen en una progresión geométrica a medida que vas cumpliendo años. Es lo que se conoce como “pasarse el arroz”.

Decía Winston Churchill que “el éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder demasiado el ánimo”. Tal vez sea la constancia, la resiliencia – ahora tan de moda – la actitud, la clave para levantarte y seguir intentándolo. Todo eso está muy bien, pero tal y como le decía a mi amiga “no creo que nadie con 70 años pretenda conocer a alguien del sexo contrario para hacerse amigos; para tener compañía. Para tener compañía, me compro un perro o una radio o viajo mucho”.

Estoy convencido de que nuestro instinto animal, - salvaje y primitivo -, nos impulsa a establecer una relación en la que el sexo forma parte de la ecuación. Si a los 30,40 o 50 años te pones a buscar pareja, pondría la mano en el fuego que no es para rezar el rosario juntos; ni tampoco para tener compañía. Mi suposición está basada en el hecho de que muchos señores - y mucho menos señoras -, a estas edades, buscan una pareja mucho más joven. Por eso, aunque difícil, no es imposible encontrar pareja a esas edades. La cosa se complica cuando estás en una edad en la que el sexo comienza a ser un bello recuerdo – para ellas - y un desafío a un ictus, infarto o semejante – para ellos -. Es decir, que, llegados a cierta edad, el planteamiento, la pregunta clave es: Si no va a haber sexo ¿y para qué? ¿Qué estoy buscando de verdad? ¿Busco rebelarme contra mi pasado? ¿Estoy dispuesto a convivir otra vez bajo el mismo techo con alguien? ¿Vamos a vivir cada uno en su casa? En ese caso, ¿merece la pena? ¿Cómo encaja eso de la compañía? ¿O sólo se trata de levantar el teléfono para desahogarte, quedar a tomar un café y socializar un poco o no ir al cine ni al teatro tú solo?

Para aquellos que me siguen de allende nuestras fronteras les diré que en un canal de la TV hay un programa que se llama “First Dates”. He de afirmar con total rotundidad que no veo jamás ese programa, pero sí que me he enganchado al que viene justo a continuación, y por eso, veo los últimos 5 minutos.

Como se puede deducir del título, se trata de un programa en el que personas de todas las edades, sexo y condición, acuden para, supuestamente, conocer a su posible pareja. Respetando los gustos y tendencias de cada uno, a mí me da vergüenza ajena. Aquello parece un desfile de friquis, sin el menor atisbo de pudor. Por eso, sospecho, que, en realidad, se trata de actores a los que se les paga por fingir, porque si no, no me lo explico. Pero críticas aparte, lo que me trae a colación este ejemplo de telebasura es que, a veces se presentan personas con 60 años o incluso 80. Y la pregunta que me hago a mí mismo cuando veo a esas personas de escasa – o nula – cultura, sin saber estar, sin saber expresarse o comportarse con un mínimo de educación, y sin ningún criterio, es ¿y para qué?

No estoy diciendo que a partir de cierta edad haya que cavar un hoyo y tirarse dentro a esperar que llegue el momento final. Lo que me planteo con muchas dudas es si me pondría a conocer gente para conseguir “compañía”. Ayer mismo, en el programa El Hormiguero, Pablo Motos preguntaba a sus invitados si hacían amigos a partir de los 40 y aunque la respuesta no fue rotunda, la tendencia era responder que no; que a partir de cierta edad es más complicado hacer amigos y mucho más aún, conseguir a alguien para tener compañía. Además, añado yo, a partir de una edad avanzada, nadie te asegura que la persona en cuestión, después de haber superado todos los obstáculos mentales que le has puesto, no vaya a fallecer al cabo de dos semanas.

Resumiendo, que es gerundio. La soledad es la epidemia de nuestro tiempo. El tiempo de internet, las redes sociales, WhatsApp, etc. Y luchar contra eso a veces nos obliga a actuar de la manera más insospechada. Es lo que se denomina limerencia, que es un estado mental de obsesión involuntaria caracterizado por una necesidad intensa de ser correspondido. Necesitamos amar y ser amados y las redes sociales están a reventar de Robinsones Crusoes, aislados en mitad de una ciudad de cientos de miles o millones de personas, pidiendo ayuda; pidiendo cariño, amistad, compañía. En ese sentido la soledad es el enemigo.

 

© Carlos Usín