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domingo, junio 14, 2026

Los marginales de mayo del 68.


A mí, lo de mayo del 68 me pilló lejos. No sólo por la distancia física entre Madrid y París, sino también, porque todavía estaba muy lejos de entrar en el espacio universitario donde se fraguó toda esa movida. Pero, a pesar de ello, tengo nítidos recuerdos de las noticias, las huelgas, las algaradas, los enfrentamientos con los gendarmes, etc. que nos ofrecía la única televisión en España. Y si algo me ha quedado de todo aquello ha sido la sensación de que eso sólo fue una inmensa y carísima campaña de marketing, cuyo objetivo fue lanzar soflamas al aire a ver quién las cogía. Frases grandilocuentes surgidas de mentes de filósofos como Bernard-Henri Lévy, quien, años más tarde criticaría ese movimiento y a quienes lo impulsaron, mucho de los cuales, terminaron formando parte de la burguesía francesa.

Frases rimbombantes … retóricas … castas … No sé. A mí me suena de algo, ¿a ti no?

Y es esta especial habilidad que tienen los zurdos para lanzar ideas huecas, a veces pomposas, las que de alguna manera perviven en el subconsciente – y yo diría que, en el inconsciente, también – de quienes se consideran progresistas y se autodenominan cultos. El último ejemplo de ello me lo ha recordado mi – por otra parte – admirado actor José Sacristán cuando ha afirmado: "Antes de la prioridad nacional está la prioridad moral", en una evidente referencia crítica a la política de VOX.

Bien. Toda crítica política, expresada en sus justos términos, tiene cabida, pero lo que me llama la atención es ese matiz, tan peculiar, tan de la “gauche divine” de diferenciar entre lo “nacional” y un supuesto concepto superior, representado por una supuesta “moral”, como si la idea de VOX no encerrara ninguna moral, por el mero hecho de ser una idea de un partido de extrema derecha. Se apela a algo – una moral - que traspasa fronteras, que es supranacional y que, de alguna manera, entronca con ese sentimiento – falso, por cierto – de superioridad de los llamados progresistas. En realidad, todo esto es una falacia.

La moralidad no pertenece en exclusiva a ningún partido político, ni país, ni religión determinada. La moralidad es un concepto meramente cultural que varía según la latitud, el momento histórico y el entorno en el que te muevas, aunque los comunistas siempre han pretendido envolverse en banderas con conceptos utópicos que pretendían agrupar al resto de los humanos, aunque fuese a base engañifas biensonantes.

La prioridad moral que sugiere Sacristán es la que va a favor de las víctimas del tráfico de seres humanos desembarcados en nuestras costas por las mafias. Un tráfico del que las ONG obtienen pingües beneficios, merced a todas las ayudas y subvenciones que se les concede por parte de aquellos que ya vivimos aquí y a quienes, curiosamente, Sacristán nos arrebata esa prioridad moral por el mero hecho de llevar más tiempo aquí, trabajar y pagar los impuestos, de donde salen los beneficios de las ONG.

Me temo que al bueno de D. José, se le ha pasado por alto la “prioridad moral” de los independentistas catalanes, que exigen disponer de la autoridad en materia de inmigración, para seleccionar quién entra y quién no en Cataluña, o la del PNV, cuya política de inmigración aboga por una gestión ordenada, humanitaria y vinculada a la integración laboral. No sé a ti, pero a mí me suena bastante parecido a lo que dice VOX.

Una vez más, las grandes frases, las grandes ideas de la izquierda, caen una y otra vez, en la contradicción, como aquellos mensajes lanzados al mundo y a los gendarmes franceses junto con los adoquines de las calles de París: «La imaginación al poder, prohibido prohibir, seamos realistas, pidamos lo imposible» y tantos otros, que, cómo no, tuvieron su pálido reflejo en aquel movimiento de vulgar imitación llamado el 15-M. «Sí se puede», gritaban enfervorizados.

Buena parte de los que promovieron el mayo del 68 en Francia, acabaron siendo aquello que criticaban: burgueses de clase media y alta. Los del 15-M, tan sólo les copiaron, se aseguraron su futuro y volvieron a dejar en la estacada a todos los incrédulos que confiaron en ellos. O sea, la misma historia de siempre. Y para más inri, les piden dinero para montar un bar más grande, y se lo dan. Sarna con gusto no pica.

La llamada prioridad moral que reclama Sacristán sólo es un intento de menospreciar un concepto y sustituirlo por otro, supuestamente, superior, sin darse cuenta que, aunque lo que pretende es eliminar una discriminación, sin embargo, ese mismo concepto ya está discriminando de igual modo. Exactamente igual que ha sucedido a lo largo de las décadas con el comunismo: todos somos iguales…aunque unos son más iguales que otros.

La prioridad moral no es una idea superior a la prioridad nacional. Tan sólo pretende ser aplicada a un conjunto diferente de seres humanos, por lo que, no deja de ser tan discriminatoria como aquella. Y como suele suceder con demasiada frecuencia, una cosa son los principios filosóficos y otra muy distinta aplicarlos con justicia en la vida real. O dicho en román paladino: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”.

 

© Carlos Usín