Soy consciente de que tengo un buen número de seguidores que viven en los EE. UU o en Singapur, por ejemplo. Así es que, por si acaso hay algún despistado, esto va de fútbol.
Mi relación con
Mallorca comenzó allá por el año 1979. Hay de por medio, lazos emocionales imposibles
de olvidar. Así que, desde ese primer momento, me he sentido unido a la isla,
con mayor o menor intensidad; y por supuesto, me afecta eso de que el Mallorca,
a quien le tengo gran simpatía, haya descendido a Segunda División.
Y eso me trae a
la memoria algunos recuerdos, como, aquella final de la Copa del Rey que
disputaron al todopoderoso Barcelona, aquel 5º puesto en la Liga o ganar la Supercopa
de España al Barça. Muchos de estos grandes éxitos, si no todos, con la
inestimable aportación de un personaje clave en la historia del club, como fue
Héctor Cúper.
Pero fue mucho
tiempo atrás, tal vez en 1984 – aunque la memoria puede jugarme alguna mala
pasada – cuando la fiebre por el Mallorca, arrastraba a algunos isleños,
reacios ya de por sí a abandonarla, a venir hasta Madrid y disfrutar de un
programa doble. Por un lado, el Mallorca, que por entonces militaba en la
Segunda división, se enfrentaba a un gran Castilla CF, y por otro coincidió con
un clásico entre el R. Madrid y el Barça. Era una tentación difícil de resistir
y por eso, algunos familiares y amigos se desplazaron a la capital para
disfrutar del espectáculo.
Lo de disfrutar
del fútbol, puede pasar, pero aquel 30 de diciembre, en Madrid hacía un frio
que pelaba y mis cuñados y amigos no habían venido preparados con la ropa
adecuada. Ni con la ropa ni con las entradas. Para eso, para lo de las
entradas, me enviaron a mí a comprar las mejores que hubiera, al precio que
fuera. Esas fueron sus indicaciones. Me parece recordar que conseguí unas
entradas bastante buenas por unas 20.000 pesetas de la época, cuando una
entrada para un Clásico Real Madrid - Barça en la reventa ilegal podía costar entre
5.000 y 15.000 pesetas. Pero lo mejor, vino después, cuando me dijeron que habían
conseguido unas mejores aún. Yo ya no pregunté qué habían hecho con las otras,
que por supuesto, me abonaron, claro.
Del Mallorca
llegó al Madrid un joven central llamado Bonet. Un chaval alto y que jugaba con
clase, algo que en aquella época era novedoso. La lástima fue que se encontró
con quien no debía. Se llamaba Migueli y de sobrenombre “Tarzan”. El susodicho
Tarzan, jugador del FC. Barcelona, en la final de la Copa del Rey del año 1983,
realizó una entrada asesina que tuvo consecuencias nefastas para el pobre Paco
Bonet: rotura del ligamento lateral interno, rotura del menisco externo y
desgarro de la cápsula posterior de su pierna izquierda.
Tiempo después,
abandonó el R. Madrid y regresó a Mallorca, donde siguió intentando recuperarse
para el fútbol. Yo lo vi jugar en el antiguo Luis Sitjar, precisamente contra
el Real Madrid y ver la pierna izquierda del pobre chico, dama grima, porque de
rodilla para abajo estaba girada en un extraño y espeluznante escorzo.
Ya decía al
principio que el descenso del Mallorca me traía recuerdos de otros tiempos;
nombres de jugadores míticos, como Samuel Eto'o, Ariel Ibagaza, Miguel Ángel
Nadal, Diego Tristán, Dani Güiza, Vicente Engonga o Leo Franco, son algunos de esos
jugadores que hicieron grande a un modesto, hasta convertirse, en más de una
ocasión, en temible adversario.
A la frustración
de los aficionados y del club, se une el impacto económico que tendrá el
descenso. Con menos ingresos, deberán vender a jugadores clave para hacer caja.
Luego, conformar una plantilla con aspiraciones de ascenso, lo que implica
calidad y economía de guerra. Una tarea nada fácil.
Mis mejores
deseos a este nuevo Mallorca. Espero poder celebrar su regreso a Primera lo
antes posible.
© Carlos Usín
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