miércoles, julio 22, 2026

La FIFA.

En general, todos aquellos seguidores y amantes del fútbol saben qué es (en teoría) esta organización que responde a las siglas de F.I.F.A. El acrónimo en inglés de Federación Internacional de Fútbol Asociación. En la práctica esto actúa casi como una mafia disfrazada de ONG.



Supuestamente, la FIFA es una asociación sin fines de lucro registrada bajo el derecho civil de Suiza, con sede en Zúrich. Ya de entrada, el mero hecho de que una supuesta ONG tenga su sede en Suiza y figure bajo el amparo del derecho civil de aquel país, ya es sospechoso. Suiza, no responde precisamente a la imagen de un país transparente si hablamos de dinero.

En teoría, la FIFA viene a ser como la Santa Inquisición. Ésta tenía como objetivo único, preservar la única fe verdadera y los dogmas marcados por la Iglesia de Roma. De igual forma, la FIFA, teóricamente, tiene como objetivo declarado gobernar el fútbol, salvaguardar sus reglas (a través de la IFAB), desarrollar el deporte desde sus bases y organizar los torneos de selecciones más importantes, principalmente la Copa Mundial de la FIFA. Y digo en teoría, pero en la práctica las cosas son algo diferentes y se parecen más al funcionamiento de una mafia que al de una ONG.

En primer lugar, la FIFA es un organismo supranacional, o lo que es lo mismo, aparte de responder ante el derecho civil de Suiza en ciertas cuestiones, hace y deshace a su antojo. Tiene sus propias normas y leyes y las aplica de modo discrecional. Es la propietaria de facto de todos los jugadores profesionales del planeta; obliga a los países y a sus selecciones a jugar las competiciones que establece; fija las normas y las modifica a su antojo: en este Mundial, 48 selecciones y ahora se rumorea que, dado el éxito, en el siguiente quieren aumentar. Por tanto, someten a los jugadores a una especie de esclavitud laboral, ya que, si se niegan a jugar con sus selecciones sin motivo médico que lo justifique, son sancionados. Y todo ello y mucho más, sin contar con los que tienen que correr, y en muchos casos, tampoco con las distintas federaciones nacionales.

La designación de un país como organizador de la Copa del Mundo, no es ni más ni menos que un proceso de subasta y de corrupción, como ya se ha demostrado en anteriores ocasiones. Las compras de voluntades de aquellos que tienen que dar su voto para una u otra candidatura, están a la orden del día. Sólo así se entiende que a lo largo de la historia del torneo se haya realizado un único Mundial en invierno, en un país como Qatar. Lógicamente para llevarlo hasta allí, había que trastocar los calendarios de todos los países, ya que, por lo general, el torneo se juega en verano, al finalizar los campeonatos nacionales, y si se hubiera hecho en Qatar en esa época, habrían fenecido todos: jugadores, equipos técnicos y algún camello.

Además, hacerlo en Qatar demuestra que la FIFA no tiene mayores escrúpulos a la hora de llevar el negocio a países donde el respeto a los derechos humanos son discutibles o simplemente inexistentes. La FIFA “se puso de perfil” (ahora que esta frase se ha puesto de moda) a la hora de reconocer o investigar los abusos cometidos por las empresas qataríes con los trabajadores hindúes y paquistaníes, que además de vivir en condiciones inhumanas y morir como chinches, apenas cobraban un salario digno…y se podían contentar con cobrar.

Otros ejemplos de esta mentalidad amplia de la FIFA, han sido los campeonatos del Mundo celebrados en países como en la Italia fascista de 1934, en Mexico en 1970, o en Argentina en 1978, bajo una dictadura militar. Aquí, ganó Argentina, por supuesto.

Como la FIFA no tiene bastante con organizar la Copa del Mundo de selecciones nacionales, también pensó que sería una estupenda idea hacerlo con los clubes, respondiendo a la fórmula: más fútbol = más dinero. Más dinero por la venta de entradas, por los derechos de transmisión, etc. Y si para ello los clubes tienen que alterar su calendario de competición doméstico y trasladarse al otro lado del mundo porque a la FIFA se le ha antojado que el torneo se juegue en Japón, (un país de larga tradición futbolística) pues se van a Japón, se meten una paliza de avión considerable y si algún jugador se lesiona, pues ya le pagará el club del que depende. La FIFA es como un Casino: gana la banca siempre.

Hasta ahora he mencionado aquellos aspectos que forman parte PREVIA al espectáculo, al propio fútbol. Luego, cuando la bola echa a rodar, las cosas se complican y la larga mano negra de la FIFA se deja ver en el terreno de juego.

Yo, que he visto mucho fútbol, recuerdo el robo manifiesto que le hicieron a Alemania en el Mundial de Inglaterra de 1966. Un disparo de los ingleses dio en el larguero y botó en medio de la línea de gol. En las infinitas repeticiones de la imagen congelada se ve claramente que el balón no traspasa totalmente la línea. Bueno, pues interesaba que ganara Inglaterra a Alemania, probablemente por la carga política que llevaba el asunto, y claro, terminó ganando el único mundial que ha ganado hasta ahora. De hecho, la tercera plaza que acaba de ganar en este mundial contra Francia es la mejor clasificación de Inglaterra desde entonces.


Otro gol fantasma fue el que marcó Míchel a Brasil, en el Mundial de Mexico de 1986. Esta vez el balón entró claramente, pero claro, era Brasil. Y se nos quedó cara de tontos cuando no concedieron el gol.


Y para no aburrir demasiado al personal me centraré ahora en otro insulto que sufrió España, esta vez, en el Mundial de Korea en 2002. Nos enfrentábamos a la anfitriona y la FIFA pensó que era una idea excelente poner a un árbitro egipcio, seguramente, para añadir color al tema. El caso es que el egipcio nos persiguió durante todo el partido y el colmo fue cuando anuló un gol a España, argumentando que cuando se centró el balón desde la línea de fondo, el balón había salido del campo. Una mentira tan evidente que dolía a los ojos.


Más tarde se supo que el entonces presidente de la F.E.F (que muchos años después, terminó con sus huesos en el trullo) transigió con la designación del egipcio a cambio de un puesto en la FIFA de esos que no tienes que currar demasiado, te lo pagan bien y comes y bebes de maravilla. La consecuencia de ello fue que el seleccionador, José Antonio Camacho, dimitió.

Lo de este Mundial con Argentina, merecería un libro aparte, empezando, curiosamente, por el partido contra la selección de Egipto.

Resumiendo, que es gerundio. La FIFA, aunque en teoría es una ONG, en realidad es una máquina de fabricar dinero abusando de los profesionales, tratándolos casi como a esclavos, obligándolos a realizar unos esfuerzos que terminan por pasar factura a ellos y a sus clubes. Eligen dónde se juega, quién juega, cuándo se juega, cómo se juega y, en ocasiones, quién gana. A veces, esto último les sale mal.

Lo dicho: una mafia.

© Carlos Usín

domingo, julio 12, 2026

La gemela de Blue Jasmine.

Josefina nació en el seno de una familia acomodada. Acudió, como era preceptivo, a un colegio selecto donde, además de las asignaturas habituales, recibió clases de costura, de bordado, de punto de cruz y de macramé, todo ello muy útil para la función para la que estaba destinada, que no era otra que la de servir de esposa fiel y amantísima de un señor. Su madre, además, a nivel particular y como buena vasca, completó su formación y la enseñó a cocinar. Que no se diga jamás que una vasca no sabe cocinar. Sería tanto como decir que a un escocés no le gusta el whisky.

A pesar de lo bien que pintaban las cosas, la vida, a veces, se encarga de ponernos a prueba. En el caso de Josefina sucedió que su padre falleció cuando era una adolescente.

Al terminar los estudios y acceder a la mayoría de edad legal, también se le abrieron las puertas a la parte de la herencia de su padre. Ello le permitió disponer de fondos suficientes para poder organizar su vida sin demasiados agobios. Por eso, después de haber realizado algún curso de formación, tuvo su primer negocio. Pero le duró poco. A los tres meses tuvo que cerrar. Con un cierto espíritu emprendedor, aunque sin la base de conocimientos necesarios, decidió que su futuro estaba en el mundo de las flores y las plantas y montó una floristería, que no tardó demasiado tiempo en seguir el mismo camino que el negocio anterior.

Josefina era una mujer joven, educada y muy atractiva. No le costaba trabajo establecer una conversación y todo ello, en su conjunto, le fue facilitando el acceso a diferentes trabajos para los cuales no se necesitaba ninguna capacitación específica y notable, al margen de tener don de gentes y saber estar. Fue así como, con el transcurrir de los años, se vio rodeada por gente con alto poder adquisitivo, alto nivel de vida e incluso alguno de ellos, más de uno, le propuso matrimonio, algo a lo que Josefina, siempre se negó. Ella siempre quiso mantener su independencia por encima de cualquier otra consideración.

Los años fueron pasando y con ellos la juventud. Tuvo diversos negocios e inversiones que, en general, fueron compensando pérdidas y ganancias unos con otros, hasta que hace unos pocos años, invirtió todo el dinero que le quedaba, con la esperanza de que alguien diera duros a peseta. Y claro, al final pasó lo que tenía que pasar. La inversión supuso lo que Cuba para España: la pérdida de sus últimas posesiones, con el agravante de que la hipoteca de su casa, no estaba pagada.

Josefina, aquella joven atractiva, educada en un ambiente selecto y que disfrutó de los placeres en su madurez, hace ya tiempo que entró a formar parte de eso que se conoce como la tercera edad.

Arruinada, con el banco persiguiéndola por el pago de la hipoteca; la comunidad de propietarios reclamando sus cuotas; sin más ingresos que un triste subsidio que apenas le daba para comer, se vio en la necesidad de alquilar una de las habitaciones de su casa. Y así pasó bastantes años de penurias y renuncias. Nunca pasó por su imaginación poner en práctica los conocimientos que como cocinera le transmitió su madre. Jamás intentó conseguir salir del profundo hoyo en el que estaba a través de sus propios medios. Su espíritu intrépido a la hora de invertir en negocios de rentabilidad y viabilidad discutibles, no le llegó para tanto.

Después de todo, Josefina consiguió vender su casa por el método de la nuda propiedad; es decir, que legalmente la vivienda es de otra persona, pero ella tiene el usufructo hasta que se muera.

En cuanto tuvo dinero en metálico lo primero que hizo fue comprarse un coche. De segunda mano, claro. Y siguiendo con su inveterada costumbre de peregrinar de fiasco en fiasco en los negocios, invirtió en algo que, a todas luces era una estafa, como así se lo indicó un viejo conocido, quien, por cierto, tiene sus capacidades mentales algo disminuidas y convierte a Forrest Gump en un genio.

Hoy, Josefina, está sola. Ahora se lamenta de decisiones que tomó en el pasado, algo tan comprensible como inútil. Echa de menos a personas a las que ella misma apartó de su compañía y que, para más inri, ya han fallecido. Añora los tiempos de vino y rosas. A su lado ya no están aquellos que, en los momentos de las vacas gordas, de vacaciones en yates, de viajes de lujo, compartían con ella los días, algunas noches y se decían sus amigos.

Hoy, Josefina no encuentra consuelo a su desdicha.  No fue educada para afrontar situaciones así. Nunca tuvo el carácter para pelear por conseguir un trabajo. La vida le fue excesivamente plácida.

Conozco a personas cuyas abuelas en su día tuvieron que huir de la Revolución Bolchevique de 1917 y con más de 40 años, abandonar Moscú, coger a sus hijos de la mano y salir huyendo. Y llegaron a París, con una mano delante y otra detrás, y salieron a flote. Pero se necesita carácter, ánimo, espíritu de lucha y ganas de pelear. 

Josefina, ahora que ha conseguido salir del profundo hoyo en el que estuvo durante años, intenta inútilmente, revivir aquellos años de esplendor, donde podía gastar sin miramientos el dinero que le venía fácil.

Cada día más me recuerda a ese personaje interpretado magistralmente por Cate Blanchet, en la película de Woody Allen, “Blue Jasmine”. Una mujer que después de vivir en la opulencia se ve arrojada a sobrevivir en un mundo que ella siempre consideró inferior, casi obsceno.

 

© Carlos Usín     

domingo, julio 05, 2026

La soledad en edades senior

En el transcurso de unos pocos días he tenido sendas conversaciones sobre este asunto con amigas bien distantes entre sí: una en Madrid y la otra en México, y a pesar de la distancia física y de la pequeña diferencia de edad entre ellas – ambas rondan los 70 años – las dos echaban de menos la compañía de un hombre. Una me decía claramente, que se arrepentía de no haber intentado rehacer su vida al quedarse viuda hace 20 años. La otra, me consta que lo intentó, pero no ha tenido suerte. Una vez más, en ocasiones, el hecho de que lo intentes, sea lo que sea, no es suficiente para tener éxito.


Sobre la soledad, ya he hablado en mi blog (ver aquí) en alguna ocasión, pero a raíz de estas dos conversaciones, me ha hecho reflexionar una vez más en ello.

Para empezar, me parece clarísimo que cuando se habla de compañía en estos términos y estas edades, en realidad, estamos hablando de soledad. Creo que la soledad se puede padecer en cualquier momento de la vida, bajo cualquier circunstancia; no es necesario estar solo, viudo, soltero ni nada de eso, pero es en una edad avanzada cuando resulta prácticamente imposible vencerla.

A los 30,40 incluso 50 años, creo que todavía existen posibilidades de encontrar a la persona con la que te apetece compartir lo que reste de vida, pero hay un punto a partir del cual, esas posibilidades se reducen en una progresión geométrica a medida que vas cumpliendo años. Es lo que se conoce como “pasarse el arroz”.

Decía Winston Churchill que “el éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder demasiado el ánimo”. Tal vez sea la constancia, la resiliencia – ahora tan de moda – la actitud, la clave para levantarte y seguir intentándolo. Todo eso está muy bien, pero tal y como le decía a mi amiga “no creo que nadie con 70 años pretenda conocer a alguien del sexo contrario para hacerse amigos; para tener compañía. Para tener compañía, me compro un perro o una radio o viajo mucho”.

Estoy convencido de que nuestro instinto animal, - salvaje y primitivo -, nos impulsa a establecer una relación en la que el sexo forma parte de la ecuación. Si a los 30,40 o 50 años te pones a buscar pareja, pondría la mano en el fuego que no es para rezar el rosario juntos; ni tampoco para tener compañía. Mi suposición está basada en el hecho de que muchos señores - y mucho menos señoras -, a estas edades, buscan una pareja mucho más joven. Por eso, aunque difícil, no es imposible encontrar pareja a esas edades. La cosa se complica cuando estás en una edad en la que el sexo comienza a ser un bello recuerdo – para ellas - y un desafío a un ictus, infarto o semejante – para ellos -. Es decir, que, llegados a cierta edad, el planteamiento, la pregunta clave es: Si no va a haber sexo ¿y para qué? ¿Qué estoy buscando de verdad? ¿Busco rebelarme contra mi pasado? ¿Estoy dispuesto a convivir otra vez bajo el mismo techo con alguien? ¿Vamos a vivir cada uno en su casa? En ese caso, ¿merece la pena? ¿Cómo encaja eso de la compañía? ¿O sólo se trata de levantar el teléfono para desahogarte, quedar a tomar un café y socializar un poco o no ir al cine ni al teatro tú solo?

Para aquellos que me siguen de allende nuestras fronteras les diré que en un canal de la TV hay un programa que se llama “First Dates”. He de afirmar con total rotundidad que no veo jamás ese programa, pero sí que me he enganchado al que viene justo a continuación, y por eso, veo los últimos 5 minutos.

Como se puede deducir del título, se trata de un programa en el que personas de todas las edades, sexo y condición, acuden para, supuestamente, conocer a su posible pareja. Respetando los gustos y tendencias de cada uno, a mí me da vergüenza ajena. Aquello parece un desfile de friquis, sin el menor atisbo de pudor. Por eso, sospecho, que, en realidad, se trata de actores a los que se les paga por fingir, porque si no, no me lo explico. Pero críticas aparte, lo que me trae a colación este ejemplo de telebasura es que, a veces se presentan personas con 60 años o incluso 80. Y la pregunta que me hago a mí mismo cuando veo a esas personas de escasa – o nula – cultura, sin saber estar, sin saber expresarse o comportarse con un mínimo de educación, y sin ningún criterio, es ¿y para qué?

No estoy diciendo que a partir de cierta edad haya que cavar un hoyo y tirarse dentro a esperar que llegue el momento final. Lo que me planteo con muchas dudas es si me pondría a conocer gente para conseguir “compañía”. Ayer mismo, en el programa El Hormiguero, Pablo Motos preguntaba a sus invitados si hacían amigos a partir de los 40 y aunque la respuesta no fue rotunda, la tendencia era responder que no; que a partir de cierta edad es más complicado hacer amigos y mucho más aún, conseguir a alguien para tener compañía. Además, añado yo, a partir de una edad avanzada, nadie te asegura que la persona en cuestión, después de haber superado todos los obstáculos mentales que le has puesto, no vaya a fallecer al cabo de dos semanas.

Resumiendo, que es gerundio. La soledad es la epidemia de nuestro tiempo. El tiempo de internet, las redes sociales, WhatsApp, etc. Y luchar contra eso a veces nos obliga a actuar de la manera más insospechada. Es lo que se denomina limerencia, que es un estado mental de obsesión involuntaria caracterizado por una necesidad intensa de ser correspondido. Necesitamos amar y ser amados y las redes sociales están a reventar de Robinsones Crusoes, aislados en mitad de una ciudad de cientos de miles o millones de personas, pidiendo ayuda; pidiendo cariño, amistad, compañía. En ese sentido la soledad es el enemigo.

 

© Carlos Usín

domingo, junio 28, 2026

Vivir en los 80.

Raro es el día que en algún telediario no se hace referencia al inusitado precio de la vivienda, a los desorbitados precios de compra o de alquiler, a la imposibilidad de los jóvenes de acceder a uno o a otro, y que como única alternativa les queda exclusivamente la de compartir la casa junto con otros en su misma situación, como si eso fuera el último escalón de la escala social justo antes de que te califiquen de paria. Las noticias, en muchos casos, van acompañadas de imágenes de manifestaciones vecinales, con sus pancartas, sus banderas y sus consignas, en diversas ciudades recorriendo España, lo que me induce a pensar que, de espontáneas, no tienen nada.



Y como siempre que hay un problema hay que encontrar un culpable. En este caso las autoridades, el gobierno y sus voceros se han ido encargando de señalar unos cuantos objetivos con la única finalidad de quitarse el muerto de encima, despistar y enfrentar a unos vecinos con otros. Los culpables de esta situación son, a saber: los fondos buitre, la insaciable codicia de los propietarios de los pisos en alquiler, los pisos vacacionales, y todos ellos, solos o en su conjunto, son los responsables de que no se pueda cumplir la Constitución en la que se habla de “tener el derecho a una vivienda digna”. Digna, sin duda, pero no gratuita. También tenemos derecho a votar y, sin embargo, no es obligatorio. Puedes abstenerte. Pues con el derecho a una vivienda digna sucede algo parecido. Quiere decir que en el caso de que tengas los medios necesarios y desees comprar o alquilar una casa, puedes hacerlo. Pero la condición previa necesaria es que tengas el dinero y que, en caso de disponer de él, nadie podría negarte tu DERECHO a una vivienda. Ese derecho no quiere decir que el Estado te lo vaya a regalar.

Pero no quiero centrarme ahora en este asunto y sus derivadas. Prefiero enfocarlo desde una comparativa con tiempos pasados, porque da la sensación – errónea – de que este problema es nuevo; que se debe a todos esos “culpables” señalados antes. Y probablemente, eso sólo es parte de la verdad. Porque lo cierto es que lo del problema de la vivienda en España no es nuevo, ya había problemas en los años 80 del siglo pasado y se acentuaron a partir de 1986. Y para ilustrarlo hablaré de mi propia experiencia.

Cuando comencé en el mundo laboral, allá por 1978, yo ya tenía esos mismos derechos de tener una vivienda digna que hoy reclaman muchos y, sin embargo, era plenamente consciente de que, con mi salario de entonces, (27.000 pesetas netas al mes, o sea 162€) me era absolutamente imposible afrontar por mi solo ningún alquiler. En 1980, el alquiler medio en Madrid solía oscilar entre 8.000 y 15.000 pesetas mensuales (unos 48 a 90 euros actuales). Es decir, el 50% de mi sueldo. De comprar ni me lo planteé.

Como datos de referencia para hacerse una idea del nivel de vida, en aquellos tiempos, comer a diario alrededor de la oficina, costaba en torno a 1€ al día.

La cosa cambió cuando poco después pude compartir un alquiler con mi novia. Eran 66€ al mes, en un piso situado al lado de la Gran Vía de Madrid. El problema es que el barrio se fue degradando y tuvimos que migrar. Aun así, encontramos algo en la misma calle de Alcalá – donde San Pedro perdió el bolígrafo, pero con Metro en la puerta - al precio de 96€ al mes, o lo que es lo mismo 16.000 pesetas/mes.

Es decir, con dos trabajos y, por tanto, dos sueldos, nos daba para lo que nos daba, pero no nos quejábamos. Fue el padre de ella cuando le regaló un apartamento pequeño en una buena zona de Madrid lo que hizo que la situación diera un giro inesperado. Un golpe de suerte.

Después de siete años viviendo allí, tuvimos la necesidad de volver a migrar y en esta ocasión nos mudamos a una localidad a 20 kms de la capital. Es decir, la misma situación de la que muchos, hoy en día, se quejan: de que tienen que marcharse fuera de la ciudad. El precio de la vivienda comenzó a subir y subir sobre todo a partir de 1986 y se hacía imposible continuar viviendo dentro de Madrid. ¿Y qué pasó ese año? Pues que España firmó su adhesión a lo que entonces era el Mercado Común y más tarde Unión Europea. (ver Fig 1).

Eso tuvo consecuencias económicas importantes, como, por ejemplo, que los bancos españoles tuvieron que empezar a pensar en fusionarse y hacerse más grandes para evitar que otros monstruos llegaran y se los comieran. Y también, abrió la puerta a que toda Europa quisiera venir a España a disfrutar del sol, la playa y los precios irrisorios del nivel de vida en general.

En mi caso particular, la vivienda que en su día costó X, se vendió por mor de estas circunstancias por 3X.

Como se ve pasan los años, pero las circunstancias no parece que hayan cambiado mucho. Los mismos problemas, las mismas soluciones, aunque tal vez, ahora las distancias a la hora de migrar sean mayores, los precios y los salarios continúan desacompasados y los atascos de tráfico son mayores.

Comentaba al principio que uno de los argumentos “victimista” que se manejan estos días es sentirse apesadumbrado por tener que compartir techo con extraños. Pues como nunca he querido privarme de nada, un servidor también ha pasado por esa circunstancia vital y a una edad ya madura, he compartido vivienda con otros 7 individuos, todos hombres. Los había fans del Barça, del At. Madrid y del R. Madrid. Y nunca hubo muertos.

Aunque no sean las circunstancias deseadas, aunque comprendo que la frustración aparezca, aunque el deseo de formar una familia y tener una estabilidad sea perfectamente lícito, no deberíamos olvidar que debemos adaptarnos a nuestro entorno y a sus normas. Es lo que algunos denominaron hace tiempo como “salir de tu estado de confort”.

Yo he tenido compañeros de trabajo en los años 90 que iban y venían a Madrid desde Asturias, o desde Sevilla, todos los lunes y regresaban los viernes. Incluso tuve una compañera que vivía en San Rafael, en Segovia, que iba a trabajar a diario a Madrid. Y, sin embargo, alguna empresa se sorprendió hace unos pocos años cuando yo estaba dispuesto a ir a San Cugat del Vallés, viviendo en Málaga, y me decían que había gente que vivía en Barcelona que no aceptaba ese empleo.

La vivienda tiene un precio desorbitado, sí, es cierto. Por muchas razones: porque cada vez hay más gente de todo el planeta que quiere venir a España a vivir y por alguna extraña razón resulta que no les apetece vivir en Palencia para disfrutar del patrimonio Románico que tiene y donde las casas seguro que son muy baratas. Y quien dice Palencia, dice Zamora, Lugo o Badajoz, por poner algunos ejemplos.

No se construye con la suficiente rapidez para satisfacer la demanda, pero es que hay tanta demanda que es imposible satisfacerla. En los últimos 2 o 3 años han venido a quedarse con nosotros unos 3 millones de personas. Eso es un crecimiento imprevisto y no hay país que sea capaz de dar cobertura a tanta población en tan poco tiempo. Porque las casas llevan aparejados otros servicios: luz, gas, agua, espacios verdes, colegios, centros de salud, comunicaciones, etc.

Los salarios no suben a la misma velocidad que los precios, ni los impuestos. Hoy, en cualquier sitio, el menú del día cuesta entre 12-14 € o lo que es lo mismo, 2.000 pesetas cuando yo pagaba 150.

El problema real, tal y como ha comentado Marc Vidal, no es tanto el precio de la vivienda. No son los voraces e insaciables propietarios los responsables del aumento para hacer casi inasequible el alquiler. Son las normas que protegen a los okupas y penalizan a los propietarios; son los constantes aumentos de los impuestos; es el lento peregrinar por distintas administraciones antes de poder colocar el primer ladrillo; es la necesidad de crear electricidad a un precio asequible, que no proporciona la energía verde. Etc. etc. etc. Pero, sobre todo, el gran problema para acceder a una vivienda, son los salarios.

Fig 1.

Sin embargo, entre 2018 y 2026, el mercado inmobiliario español ha registrado una fuerte divergencia con respecto a los salarios. Mientras que el salario medio apenas ha aumentado (un 0,2% en términos reales ajustados a la inflación), el precio de la vivienda se ha disparado aproximadamente un 29,2%


 

Para finalizar me gustaría enviar un mensaje telegráfico:

  • Los problemas de la vivienda no son nuevos.
  • Los culpables no son aquellos que son señalados por quienes deberían de resolver los problemas y no crearlos. 
  • La frustración obnubila la mente de aquellos que se ven impotentes para acceder a alquilar o comprar una vivienda. Y así, son más manejables. 
  • Existe una obsesión por comprar una vivienda, propio de la cultura española y esta especie de neurosis está siendo hábilmente manejada por expertos en crispaciones. 
  • El problema real en España es la calidad del empleo. No basta con que se obligue a que el contrato sea indefinido. Debe ser verdaderamente estable y con un salario que permita cubrir las necesidades básicas. Y hoy en día, hay muchas personas que, teniendo un empleo, no pueden satisfacer esas necesidades. 
  • No se ha construido suficiente para satisfacer la demanda y, además, habría que acortar y simplificar los trámites para la construcción. 
  • No podemos dar cabida a todos los inmigrantes ilegales. No hay recursos para todos. Hay que hacerlo de una manera ordenada, controlada.

 

© Carlos Usín

domingo, junio 14, 2026

Los marginales de mayo del 68.


A mí, lo de mayo del 68 me pilló lejos. No sólo por la distancia física entre Madrid y París, sino también, porque todavía estaba muy lejos de entrar en el espacio universitario donde se fraguó toda esa movida. Pero, a pesar de ello, tengo nítidos recuerdos de las noticias, las huelgas, las algaradas, los enfrentamientos con los gendarmes, etc. que nos ofrecía la única televisión en España. Y si algo me ha quedado de todo aquello ha sido la sensación de que eso sólo fue una inmensa y carísima campaña de marketing, cuyo objetivo fue lanzar soflamas al aire a ver quién las cogía. Frases grandilocuentes surgidas de mentes de filósofos como Bernard-Henri Lévy, quien, años más tarde criticaría ese movimiento y a quienes lo impulsaron, mucho de los cuales, terminaron formando parte de la burguesía francesa.

Frases rimbombantes … retóricas … castas … No sé. A mí me suena de algo, ¿a ti no?

Y es esta especial habilidad que tienen los zurdos para lanzar ideas huecas, a veces pomposas, las que de alguna manera perviven en el subconsciente – y yo diría que, en el inconsciente, también – de quienes se consideran progresistas y se autodenominan cultos. El último ejemplo de ello me lo ha recordado mi – por otra parte – admirado actor José Sacristán cuando ha afirmado: "Antes de la prioridad nacional está la prioridad moral", en una evidente referencia crítica a la política de VOX.

Bien. Toda crítica política, expresada en sus justos términos, tiene cabida, pero lo que me llama la atención es ese matiz, tan peculiar, tan de la “gauche divine” de diferenciar entre lo “nacional” y un supuesto concepto superior, representado por una supuesta “moral”, como si la idea de VOX no encerrara ninguna moral, por el mero hecho de ser una idea de un partido de extrema derecha. Se apela a algo – una moral - que traspasa fronteras, que es supranacional y que, de alguna manera, entronca con ese sentimiento – falso, por cierto – de superioridad de los llamados progresistas. En realidad, todo esto es una falacia.

La moralidad no pertenece en exclusiva a ningún partido político, ni país, ni religión determinada. La moralidad es un concepto meramente cultural que varía según la latitud, el momento histórico y el entorno en el que te muevas, aunque los comunistas siempre han pretendido envolverse en banderas con conceptos utópicos que pretendían agrupar al resto de los humanos, aunque fuese a base engañifas biensonantes.

La prioridad moral que sugiere Sacristán es la que va a favor de las víctimas del tráfico de seres humanos desembarcados en nuestras costas por las mafias. Un tráfico del que las ONG obtienen pingües beneficios, merced a todas las ayudas y subvenciones que se les concede por parte de aquellos que ya vivimos aquí y a quienes, curiosamente, Sacristán nos arrebata esa prioridad moral por el mero hecho de llevar más tiempo aquí, trabajar y pagar los impuestos, de donde salen los beneficios de las ONG.

Me temo que al bueno de D. José, se le ha pasado por alto la “prioridad moral” de los independentistas catalanes, que exigen disponer de la autoridad en materia de inmigración, para seleccionar quién entra y quién no en Cataluña, o la del PNV, cuya política de inmigración aboga por una gestión ordenada, humanitaria y vinculada a la integración laboral. No sé a ti, pero a mí me suena bastante parecido a lo que dice VOX.

Una vez más, las grandes frases, las grandes ideas de la izquierda, caen una y otra vez, en la contradicción, como aquellos mensajes lanzados al mundo y a los gendarmes franceses junto con los adoquines de las calles de París: «La imaginación al poder, prohibido prohibir, seamos realistas, pidamos lo imposible» y tantos otros, que, cómo no, tuvieron su pálido reflejo en aquel movimiento de vulgar imitación llamado el 15-M. «Sí se puede», gritaban enfervorizados.

Buena parte de los que promovieron el mayo del 68 en Francia, acabaron siendo aquello que criticaban: burgueses de clase media y alta. Los del 15-M, tan sólo les copiaron, se aseguraron su futuro y volvieron a dejar en la estacada a todos los incrédulos que confiaron en ellos. O sea, la misma historia de siempre. Y para más inri, les piden dinero para montar un bar más grande, y se lo dan. Sarna con gusto no pica.

La llamada prioridad moral que reclama Sacristán sólo es un intento de menospreciar un concepto y sustituirlo por otro, supuestamente, superior, sin darse cuenta que, aunque lo que pretende es eliminar una discriminación, sin embargo, ese mismo concepto ya está discriminando de igual modo. Exactamente igual que ha sucedido a lo largo de las décadas con el comunismo: todos somos iguales…aunque unos son más iguales que otros.

La prioridad moral no es una idea superior a la prioridad nacional. Tan sólo pretende ser aplicada a un conjunto diferente de seres humanos, por lo que, no deja de ser tan discriminatoria como aquella. Y como suele suceder con demasiada frecuencia, una cosa son los principios filosóficos y otra muy distinta aplicarlos con justicia en la vida real. O dicho en román paladino: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”.

 

© Carlos Usín

lunes, junio 08, 2026

Los nuevos españoles

A raíz del decreto del gobierno por el que se va a conceder la nacionalidad española a los supuestos nietos de quienes emigraron de España como consecuencia de la Guerra Civil, hace poco se me ocurrió escribir en mi muro de Facebook una reflexión al respecto, y decía así:


“La nacionalidad es una cosa y el derecho a votar es otro concepto. Si un extranjero está obligado a declarar a Hacienda sus ingresos si permanece al menos 180 días en España, a alguien que no reside en España, ni siquiera 180 días, no se le debería permitir el voto. O sea, si pagas impuestos aquí, puedes votar. Si no, no.”

He de decir que el post tuvo bastante aceptación y un alto nivel de participación, porque más de 100 personas mostraron su posición.

Muchas veces, constreñido por el espacio a mi disposición, mis mensajes pueden resultar excesivamente crípticos y por eso ahora que tengo más espacio y más tiempo, voy a intentar explayarme y explicarme mejor.

Lo primero es que tal y como está planteada la idea se enfrentan dos conceptos legales diferentes: la nacionalidad y el derecho fiscal. Pero tal y como apunté en el hilo de Facebook lo que pretendía era enfocar el asunto con una cierta perspectiva lógica. Y no me parece lógico que un descendiente de españoles que emigraron a otro país y probablemente no han regresado nunca, al menos a residir permanentemente, tenga el derecho al voto y todo lo que ello conlleva, es decir, sanidad pública, educación pública, etc. etc. etc. en igualdad de condiciones con quienes sí tienen su residencia permanente y son españoles desde que nacieron. Simplemente, porque estos últimos pagan impuestos aquí y por tanto sus votos están mucho más apegados a la realidad cotidiana, que la de aquellos que, tal vez, tengan dificultades para ubicar en el mapa dónde nacieron sus abuelos.

Imaginemos, por ejemplo, la saturación en los servicios públicos mencionados y el problema añadido de vivienda que se crea, si tan solo una parte de todos ellos, decidiera venir a España y ser tratados como lo que les hemos dicho que son: españoles.

No sé si esta teoría tiene mucho, poco o nada que ver con la idea de VOX que han llamado “prioridad nacional”. No lo sé y no me importa. Sólo me pregunto si no estaremos siendo injustos otorgando derechos por naturalización espontánea, en base a un concepto como es el del emigrante por obligación debido a la situación política. Un asunto al que me referiré más adelante.

Si damos por bueno este concepto de hacer españoles a los nietos de los que se fueron, ¿por qué no hacer lo mismo con los millones de judíos, árabes y demás que fueron expulsados de España por los Reyes Católicos? Los Sefarditas hasta mantuvieron el idioma. ¿Podríamos hacer lo mismo con los descendientes de Cuba, Puerto Rico o Filipinas? ¿Y qué tenemos que hacer con los cientos de miles de vascos que fueron expulsados de su casa, del País Vasco, bajo la amenaza asesina de ETA? Ahora a esos vascos que tuvieron que huir para salvar su vida, no se les permite empadronarse en sus lugares de origen y sus votos no pueden incidir en la política, ni vasca, ni española.

¿Dónde está la fecha límite de volver atrás en el tiempo para, supuestamente, hacer justicia? ¿A los que huyeron durante o tras la guerra civil, sí, pero a los vascos, ¿no?

Esto me lleva a abordar un asunto que adelantaba unas líneas más arriba y tiene que ver con el supuesto, dado como algo cierto e indiscutible, de que aquellos que emigraron de España, lo hicieron víctimas de la persecución política que se desarrolló durante y después de la guerra civil española, principalmente por el bando franquista, cuando en realidad, las persecuciones se libraron por ambos bandos. Da la impresión de que sólo se va a premiar a los nietos de los republicanos, como si ellos fueran las únicas víctimas. Y eso tampoco es cierto.

La historia nos ha dejado testimonio de aquellos republicanos irredentos que abandonaron España por estar en contra del delirio del “Frente Popular. Estos son algunos ejemplos obtenidos de la IA de Google.

Niceto Alcalá-Zamora: Primer presidente de la Segunda República. Destituido en 1936 por las Cortes, el estallido de la guerra le sorprendió fuera de España. Decidió no regresar jamás tras ver cómo milicianos del Frente Popular asaltaban su domicilio. Se exilió definitivamente en Argentina.

Alejandro Lerroux: Líder del Partido Republicano Radical y varias veces jefe de Gobierno durante el bienio de centro-derecha. Defendía una república conservadora y moderada. Huyó a Portugal en 1936 ante el peligro real de ser asesinado por milicias de izquierda.

Miguel Maura: Cofundador de la República y primer ministro de la Gobernación. De ideología republicana y conservadora, abandonó el país hacia Francia en los primeros meses de la Guerra Civil al constatar el colapso del orden público institucional.

Melquíades Álvarez: Histórico líder del Partido Republicano Liberal Demócrata. Aunque no llegó a emigrar porque fue encarcelado y trágicamente asesinado en la cárcel de Modelo de Madrid en agosto de 1936, su partido se desvinculó por completo de la deriva frente populista.

Clara Campoamor: Célebre diputada republicana que logró el voto femenino en España. En septiembre de 1936 huyó de Madrid temiendo por su vida debido a la violencia revolucionaria en la retaguardia republicana. Pasó el resto de sus días exiliada en Suiza y Argentina sin apoyar a ninguno de los dos bandos en conflicto.

José Ortega y Gasset: Filósofo fundamental e impulsor de la Agrupación al Servicio de la República. Abandonó España a los pocos meses de empezar la contienda, profundamente decepcionado por el extremismo político, refugiándose en Francia, Argentina y Portugal. José Ortega y Gasset regresó a España el 26 de agosto de 1945, tras pasar nueve años en el exilio entre Francia, Argentina y Portugal.

Gregorio Marañón: Médico, científico e intelectual que, al igual que Ortega, ayudó a traer la República en 1931. Tras sufrir amenazas de muerte por parte de extremistas de izquierda en Madrid, huyó a París a finales de 1936, denunciando la deriva totalitaria del bando gubernamental. Regresó definitivamente a España en el otoño de 1942.

Ramón Pérez de Ayala: Escritor y diplomático republicano que llegó a ser embajador de la República en Londres. Dimitió de su cargo en 1936 ante los excesos del Frente Popular y abandonó el país criticando duramente la situación de violencia revolucionaria. Ramón Pérez de Ayala regresó definitivamente a España en 1954.

Son sólo algunos ejemplos que pretenden ilustrar dos elementos esenciales para entender mi postura. La primera, que no todos los que emigraron fueron perseguidos por Franco. La segunda y no menos importante, que, siendo republicanos irredentos y confesos, regresaron a España recién terminada la contienda, con Franco en El Palacio de El Pardo, y no fueron molestados, ni perseguidos durante el ejercicio de su trabajo.

Por todo lo antedicho, lanzar un proceso de nacionalización masiva, en base a un supuesto parentesco y unido a una supuesta persecución ideológica, no me parece que sea una buena idea. Simplemente, porque la historia desmiente la base de semejante supuesto. Hubo españoles que emigraron, cierto. Algunos temieron por su vida, cierto. Pero no es menos cierto que los que quisieron regresar lo hicieron sin mayores inconvenientes y no se tienen noticias de que una vez en España, sufrieran algún tipo de persecución. Excepto si se metían en política, claro.

Durante el Franquismo, actores como Paco Martínez Soria, Miguel Gila o el padre de Arturo Fernández, eran o habían sido miembros de la C.N.T. Y nadie les molestó por eso.

Esto de nacionalizar a extranjeros nietos de españoles me recuerda un tiempo pasado relacionado con el fútbol.

Por aquellos tiempos, cuando la participación de España en la fase final de un mundial nunca estaba asegurada y hubo más de un mundial al que no pudimos ir por no clasificarnos, algunos dirigentes decidieron que la culpa de ello se debía a que los equipos españoles estaban repletos de jugadores extranjeros y que ello impedía el normal desarrollo y progreso de los jóvenes nacionales. Como consecuencia, se determinó que los equipos sólo podían disponer de dos extranjeros.

A pesar de tan sabia decisión y emulando un poco la famosa historia de los remeros japoneses y los de Lepe, los mismos sabios que limitaron la presencia de extranjeros en los equipos y a la vista de que seguíamos haciendo el ridículo igualmente, decidieron abrir un poco la mano y permitieron que los equipos de fútbol españoles pudieran fichar a extranjeros, siempre y cuando pudieran acreditar que eran nietos de españoles.

Por supuesto, a partir de ese momento, comenzaron a aparecer sospechosas partidas de nacimiento de archivos que se habían perdido durante la guerra civil, en mitad de un incendio, de una inundación o la invasión de Napoleón.

Sospecho que, con esta nueva originalidad del gobierno, va a suceder algo similar a lo que sucedió en su día con el fútbol, y descubriremos que algún descendiente de Hernán Cortés, o Cristobal Colón, es negro como una noche sin luna.

Eso sí, estoy seguro de que esta nueva ocurrencia sirve para los espurios intereses del presidente del gobierno, dispuesto a perpetuarse en la lucha como el coronel Aureliano Buendía.

 

© Carlos Usín

domingo, mayo 31, 2026

Mal ambiente en el trabajo


 

Cada vez con más frecuencia leo en la prensa que a tal o cual juez o fiscal, ha sido depurado, o le han degradado en sus funciones, o le han obligado a jubilarse, o le han enviado a Siberia a contar gamusinos. Y todo ello, por la sencilla razón de que, en las luchas internas por imponer una cierta ideología dentro del aparato judicial, unos suben y otros caen, y con ellos, todos los adláteres, pelotas, serviles y rastreros que les adulan. Y cada vez que me entero de alguna de estas jugadas, pienso en lo agradable que debe ser levantarse cada mañana, ir al trabajo y cruzarte por los pasillos con tu jefe/a, sabiendo que, aunque te muestre los dientes como un hipócrita gesto de amistad, tú ya vas sintiendo cómo te va clavando la puñalada por la espalda al tiempo que va retorciendo el arma, sin que deje de sonreír. Debe ser muy motivante intuir que en breve tu puesto lo va a ocupar algún lameculos, joven, desconocido, inepto, pero muy ambicioso, del que se servirán en algún momento futuro para sus espurios intereses y que se verá obligado a obedecer porque “ellos le han puesto ahí”.

Y todo esto me recuerda a una época pretérita, en la que mi propio trabajo se desarrollaba en un ambiente bastante similar a este. Una atmósfera en la que el jefe había sido rebautizado con el sobrenombre de “Johnny Walker”, por obvias razones. Un entorno en el que el armario donde se guardaban todos los manuales de IBM, estaba bajo llave y cada vez que alguien necesitaba realizar una consulta debía solicitar las llaves al que, desde entonces, pasó a ser conocido como “El amo del calabozo”. Un entorno en el que los chivatos corrían – literalmente – escaleras arriba para informar a su amo, Johnny Walker, de cualquier información que le pudiera servir. Un entorno en el que el propio Johnny Walker, se apropiaba de un dinero para su uso personal, cuando ese dinero estaba destinado a otros usos por parte de sus empleados. Un entorno en el que a ciertas personas se le permitió acceder a un curso de promoción profesional, exigiendo que fuera secreto y que un servidor no tuviera conocimiento de ello. En definitiva, un entorno en el que hubo objetos personales – una radio y un juego de ajedrez – que desaparecieron, aprovechando que un servidor estaba de vacaciones.

Así es que, cada vez que leo alguna noticia referida a las purgas estalinistas que tienen lugar aquí y allá, ya sea en tribunales, en fiscalías o en medios de comunicación, recuerdo vivamente aquellos oscuros años transcurridos en un sótano, con una sola ventana que daba a la entrada de un garaje subterráneo, y con turnos de trabajo rotatorios. Un lugar en el que cuando alguien reclamaba su justo interés por progresar profesionalmente y un aumento de salario, la respuesta de Johnny Walker era mostrar un décimo de lotería acompañado de la frase “yo también”.

lunes, mayo 25, 2026

Estado de crispación.

Cualquiera que haya asistido tan solo una única vez a una Junta de Vecinos, conoce que en esas reuniones se grita más que en un partido de fútbol, se ponen sobre la mesa rencillas acumuladas durante meses y, en ocasiones, odios ancestrales por motivos que ya no se recuerdan cómo empezaron. Hasta ahí podríamos decir que todo normal. Ese tipo de reuniones, de dudosa efectividad y por supuesto, nada ejemplares, son la causa principal de que una amplia mayoría de los vecinos decida ahorrarse el tiempo y el bochorno de asistir a tan triste espectáculo y decidan no acudir, sin más. Los más comprometidos incluso llegan a delegar su voto en algún vecino, que viene a ser algo parecido a lo que se hacía en España en tiempos de la Guerra de Cuba o Filipinas, cuando los ricos pagaban dinero para no ir y los que pringaban – qué raro, verdad – eran los pobres.


Debo confesar que cuando tuve la primera ocasión de acudir como propietario a una Junta de vecinos, no entendía nada. Lo único que recuerdo de aquella reunión era ver a una vecina de mi planta, a pocas puertas de la mía, que se llamaba Mayte. La tal Mayte era toda una mujerona. De estatura imponente y complexión fuerte, solía vestir de forma inusualmente elegante, con abrigo de piel incluido, y tacones de diez centímetros, al tiempo que utilizaba un tono de voz que bordeaba la intimidación. Todo ello, en su conjunto, le confería un cierto estatus que atemorizaba y que me llevó a bautizarla como “la bestia”.
 

Vivía con su hijo, quien, en cierta ocasión organizó tal escándalo, que estuve a punto de llamar a la policía. El niño, un adolescente de la misma estatura que su madre, se lio durante varias horas a dar patadas a la puerta de entrada al domicilio, al tiempo que profería toda clase de gritos y de improperios. La puerta en cuestión, terminó con un agujero considerable como consecuencia de las patadas.

Pues bien, hecha una breve descripción de la madre y del niño, ahora voy con el comportamiento de “la bestia” en la única reunión de vecinos a la que fui en aquella comunidad. 

Todo parecía desarrollarse de modo normal siguiendo el orden del día. Hasta que “la bestia” se levanta, interrumpe al Administrador, que moderaba la reunión, y comienza a decir: «Yo sólo quiero que se despida al conserje. Es un borracho, que se pasa el día en el bar y nunca está en su sitio». El Administrador intentó – sin éxito – convencerla de que se ciñera al orden del día y que el asunto de ruegos y preguntas estaba al final de la reunión. Mayte, inasequible al desaliento, continuó con su monólogo como si el que acababa de hablar fuera invisible. «Es que, para colmo, el otro día llegaba cargada con unas bolsas y (el conserje) se negó a ayudarme. Dijo que no era su obligación.» Esta, desgraciadamente, no fue la única intervención de “la bestia”. Continuó con su matraca, repitiendo como un mantra eso de que «yo quiero echar al Conserje». Y así se mantuvo hasta que al final de la reunión, en el apartado de ruegos y preguntas, consiguió por fin que el resto – que ya estábamos hartitos de la señora – abordáramos el asunto. Se votó y el conserje continuó trabajando en el portal.

En fin, comprenderás que, para ser mi primera experiencia, fue bastante traumática para mi espíritu sensible. De hecho, además de no regresar a ninguna de las juntas posteriores, rogaba a los cielos no cruzarme con “la bestia” por los pasillos o, peor aún, coincidir en el ascensor.

Hasta ahí, podría considerarse que este tipo de cosas entran dentro de lo que hemos asumido como normal. Pero ahora nos adentramos en un terreno para muchos, desconocido. La Junta de Propietarios de mi comunidad que tuvo lugar recientemente.

Convocar una Junta de Vecinos un viernes y a las cinco de la tarde, ya hay que tener agallas. Por si fuera poco, el lugar elegido por la presidenta para semejante reunión fue el gimnasio de la comunidad. Un lugar en el que he estado una única vez, de paso, al que no recuerdo cómo llegar y que, al estar semiabandonado y sin aparatos, tan sólo es un espacio de reunión de personas de dudosa respetabilidad. En casos como este cada vecino, si lo estima conveniente, se lleva su propia silla, porque allí, aparte de polvo no hay nada.

Normalmente, las reuniones de nuestra Comunidad se han venido realizando en un colegio que tenemos a unos pocos cientos de metros y que, bajo pago, nos proporciona un salón con mesas y sillas. Pero al parecer, la presidenta decidió que era mejor ahorrar en el chocolate del loro y cambió el lugar.

A pesar de todos estos alicientes, – el día, la hora de la convocatoria, el lugar – y, sobre todo, el ambiente de enfrentamiento y de crispación que se vivía desde hacía meses, decidí no acudir.

Voy a ahorrar la infinidad de motivos y causas justificadas que han llevado a la presidenta a convertirse en el ser más odiado de la comunidad.

Por todo ello, decidí que lo mejor era no acudir a la convocatoria. Y lo hice porque me conozco. Y por lo que después me contó mi mujer, hice bien, porque al parecer, en algunos momentos de la extraordinariamente tensa reunión, hubo un conato de enfrentamiento físico entre un vecino, generalmente educado y calmado, y la mujer de otro, de profesión juez. Según me contó mi mujer, pensaba que cuando se fue a por ella, le iba a arrancar la cabeza del tronco. Y no fue el único momento tenso.

Para colmo, el Administrador, otro “figura” al que estaba previsto mandar al paro si vencía la candidatura de la oposición, nada más promulgar el número de votos obtenidos por unos y por otros y el nombre de la nueva presidenta, a continuación, y sin solución de continuidad, presentó su dimisión, recogió sus papeles y huyó del lugar como alma que persigue el diablo.

Todo eso me ha llevado a reflexionar sobre el clima de enorme crispación en el que parece que estamos instalados desde hace años. Una crispación que empapa a todos los niveles de la sociedad y que lo puedes observar en un partido de fútbol con niños de 8 años, donde los que se pelean a puñetazos son los padres o una discusión de tráfico en la Feria de Sevilla, que termina con un trabajador muerto y su agresor, de 44 y con antecedentes, detenido. Son sólo un par de ejemplos cotidianos que nos podemos encontrar en cualquier momento. Y la pregunta es: ¿Esto siempre ha sido así?

Discusiones y nerviosismo ha habido toda la vida. La diferencia es que ahora parece que el nivel de tolerancia es tan bajo que, prácticamente, ha desaparecido y la respuesta también parece bastante desproporcionada.

Me recuerda al chiste en el que se encuentran dos amigos por la calle y uno le dice al otro «¿cómo estás?» y el otro le contesta. «Pues anda que tú».

Es como si viviéramos en un estado de guerra y al menor ruido sospechoso descargáramos una ráfaga de ametralladora hacia el lugar de donde viene el ruido, sin esperar a confirmar si era amigo, enemigo o mediopensionista. Y tal vez ahí radique el problema: en que, de verdad, vivimos en un estado de guerra, al menos psicológico. Tal vez, unos más que otros, seamos víctimas de un estado de frustración por la situación que vivimos como país: dificultades económicas, problemas con la vivienda, problemas para encontrar un trabajo acorde a los conocimientos, escándalos y abusos de políticos, incertidumbre, constatación de que la justicia no se aplica igual a todos, corrupción institucional, etc. Todo ello va creando una frustración a nivel social que tiene sus consecuencias. Es como una olla en la que poco a poco, va subiendo la presión. Tal vez, algunos datos oficiales ayuden a entender mejor el impacto que está teniendo en la sociedad actual.

El Informe Anual del Sistema Nacional de Salud (SNS) 2024 indica que el 35,6% de la población española presenta algún problema de salud mental.

Según el Estudio Internacional de Salud Mental de AXA (2025), el 59% de los españoles afirma sufrir estrés, mientras que un 48% declara tener algún grado de depresión.

Bajas laborales: En 2024 se alcanzó la cifra récord de 671.618 bajas laborales por problemas de salud mental, un incremento exponencial frente a las aproximadamente 284.000 registradas en 2016.

Colectivos específicos: El estrés se ha disparado especialmente entre directivos, con un 83% que afirma haberlo sufrido en 2025.

Jóvenes (Generación Z y Millennials): Son quienes más priorizan la salud mental (63%) y quienes reportan mayores índices de estrés (70% en jóvenes de 18-24 años). Los trastornos de ansiedad en menores de 25 años han crecido un 36,4% desde 2019.

Mujeres: Presentan una mayor carga de enfermedad. La prevalencia de depresión en mujeres (7,2%) duplica la tasa observada en hombres.

Mayores: Más del 40% de los mayores de 50 años y el 50% de los mayores de 80 años presentan algún diagnóstico de salud mental

 

Después de echar un vistazo a estos datos no parece un error afirmar que vivimos en uno de los peores momentos de los últimos años: la precariedad laboral, los salarios escasos, los problemas relacionados con la vivienda, la inseguridad ciudadana…son cuestiones que, ya de modo individual son preocupantes, pero que si en ocasiones, se superponen unos a otros, es muy fácil que cualquier excusa sirva para abrir la espita, y que salga la frustración en forma de violencia, ya sea verbal o física, o ambas.

Por supuesto, además de estos factores externos, están otros que demuestran la catadura moral de los individuos. A mí no se me ocurriría discutir a muerte por un asunto de tráfico, pero en esta comunidad, al parecer, hay gente con la que jamás has tenido ningún contacto más allá de un “hola” o “adiós” y que ahora mismo estarían dispuestos a hacerte desaparecer, simplemente porque no estás a favor de la presidenta perdedora. No son muchos, pero como suele ser habitual, hacen mucho más ruido.

Así es que, como corolario, está claro que hay factores que contribuyen a que vivamos bajo un estado de presión importante, pero también es cierto, que la educación y el fondo de los seres humanos son los que, en definitiva, determinan el grado de respuesta.

 

© Carlos Usín


PD. La presidenta saliente de la comunidad ha conformado un grupo de leales que, como era de esperar, dedican gran parte de su tiempo a dar por saco a la nueva presidenta, que por casualidad, es mi mujer. Me recuerdan a esos grupos políticos de la famosa película "La vida de Brien".


(Fuentes: Ministerio de Sanidad a través de sus Informes Anuales del SNS.  

Confederación Salud Mental España: Publican anualmente informes sobre el estado de los derechos humanos y la situación de la salud mental en el país.

INE (Instituto Nacional de Estadística): Proporciona datos de la Encuesta Europea de Salud en España sobre cuadros depresivos y ansiedad)

domingo, mayo 24, 2026

El RCD Mallorca ha descendido.

Soy consciente de que tengo un buen número de seguidores que viven en los EE. UU o en Singapur, por ejemplo. Así es que, por si acaso hay algún despistado, esto va de fútbol.

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Mi relación con Mallorca comenzó allá por el año 1979. Hay de por medio, lazos emocionales imposibles de olvidar. Así que, desde ese primer momento, me he sentido unido a la isla, con mayor o menor intensidad; y por supuesto, me afecta eso de que el Mallorca, a quien le tengo gran simpatía, haya descendido a Segunda División.

Y eso me trae a la memoria algunos recuerdos, como, aquella final de la Copa del Rey que disputaron al todopoderoso Barcelona, aquel 5º puesto en la Liga o ganar la Supercopa de España al Barça. Muchos de estos grandes éxitos, si no todos, con la inestimable aportación de un personaje clave en la historia del club, como fue Héctor Cúper.

Pero fue mucho tiempo atrás, tal vez en 1984 – aunque la memoria puede jugarme alguna mala pasada – cuando la fiebre por el Mallorca, arrastraba a algunos isleños, reacios ya de por sí a abandonarla, a venir hasta Madrid y disfrutar de un programa doble. Por un lado, el Mallorca, que por entonces militaba en la Segunda división, se enfrentaba a un gran Castilla CF, y por otro coincidió con un clásico entre el R. Madrid y el Barça. Era una tentación difícil de resistir y por eso, algunos familiares y amigos se desplazaron a la capital para disfrutar del espectáculo.

Lo de disfrutar del fútbol, puede pasar, pero aquel 30 de diciembre, en Madrid hacía un frio que pelaba y mis cuñados y amigos no habían venido preparados con la ropa adecuada. Ni con la ropa ni con las entradas. Para eso, para lo de las entradas, me enviaron a mí a comprar las mejores que hubiera, al precio que fuera. Esas fueron sus indicaciones. Me parece recordar que conseguí unas entradas bastante buenas por unas 20.000 pesetas de la época, cuando una entrada para un Clásico Real Madrid - Barça en la reventa ilegal podía costar entre 5.000 y 15.000 pesetas. Pero lo mejor, vino después, cuando me dijeron que habían conseguido unas mejores aún. Yo ya no pregunté qué habían hecho con las otras, que por supuesto, me abonaron, claro.

Del Mallorca llegó al Madrid un joven central llamado Bonet. Un chaval alto y que jugaba con clase, algo que en aquella época era novedoso. La lástima fue que se encontró con quien no debía. Se llamaba Migueli y de sobrenombre “Tarzan”. El susodicho Tarzan, jugador del FC. Barcelona, en la final de la Copa del Rey del año 1983, realizó una entrada asesina que tuvo consecuencias nefastas para el pobre Paco Bonet: rotura del ligamento lateral interno, rotura del menisco externo y desgarro de la cápsula posterior de su pierna izquierda.

Tiempo después, abandonó el R. Madrid y regresó a Mallorca, donde siguió intentando recuperarse para el fútbol. Yo lo vi jugar en el antiguo Luis Sitjar, precisamente contra el Real Madrid y ver la pierna izquierda del pobre chico, dama grima, porque de rodilla para abajo estaba girada en un extraño y espeluznante escorzo.

Ya decía al principio que el descenso del Mallorca me traía recuerdos de otros tiempos; nombres de jugadores míticos, como Samuel Eto'o, Ariel Ibagaza, Miguel Ángel Nadal, Diego Tristán, Dani Güiza, Vicente Engonga o Leo Franco, son algunos de esos jugadores que hicieron grande a un modesto, hasta convertirse, en más de una ocasión, en temible adversario.

A la frustración de los aficionados y del club, se une el impacto económico que tendrá el descenso. Con menos ingresos, deberán vender a jugadores clave para hacer caja. Luego, conformar una plantilla con aspiraciones de ascenso, lo que implica calidad y economía de guerra. Una tarea nada fácil.

Mis mejores deseos a este nuevo Mallorca. Espero poder celebrar su regreso a Primera lo antes posible.

© Carlos Usín